Entre dos fuegos, los kurdos y su futbol

Alberto Lati

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Estado Islámico, Vladimir Putin, Turquía, Bashar al-Asad, el balcanizado Irak, Francia, Estados Unidos, Irán, chiitas y sunitas, Arabia Saudita y sus millones… En medio del caos, en medio de la multitud de bandos e intereses geopolíticos en que se ha convertido la región, en medio de una guerra que alía a quienes en otro frente confronta, el pueblo kurdo y dos frases futboleras.

 

El entrenador de la no reconocida selección kurda, Abdullah Mahmoud Muhieddin: “Como cualquier país, queremos abrir la puerta a través del futbol. Por ejemplo, Brasil. La gente conoce a Brasil primero y sobre todo por su futbol. Queremos hacer lo mismo. Queremos tener un equipo fuerte para cuando se oficialice nuestro país. Hacemos nuestro trabajo a la par que los políticos hacen el suyo”.

 

ESPECIAL_SELECCIÓN KURDA LATIEl presidente del Kurdistán iraquí, Masoud Barzani, en 2007: “habiendo jugado futbol yo mismo, apoyo fuertemente los intentos kurdos por integrarse a la FIFA”. Fiel seguidor del Barcelona, acaso a raíz de una pancarta que el mundo entero pudo ver en el el Camp Nou durante un clásico ante Real Madrid (“Kurdistan is not Irak, Catalonia is not Spain”), parte de su retórica se ha vinculado a la necesidad de tener un equipo nacional de futbol.

 

Hasta ahora, numerosos futbolistas kurdos han aparecido en otros representativos nacionales. Siendo un pueblo conformado por más de 25 millones de personas dispersas entre Turquía, Siria, Irak, Irán y varios países europeos, no debe de extrañarnos que kurdos como Mervan Çelik hayan debutado en la selección sueca, que Eren Derdiyok haya sido mundialista con la suiza, que Deniz Naki haya sido una promesa de la alemana.

 

En pleno Irak, los hermanos Hawar eligieron caminos diferentes: el mayor, Mullah Mohamed, fue el héroe de la coronación iraquí en la Copa Asia 2007, al tiempo que el menor, Hallkurd, prefirió actuar con el equipo del Kurdistán, ajeno a la FIFA.

 

Ya en tiempos de Saddam Hussein, cuando se pretendía extirpar la identidad y presencia kurdas del norte de Irak, la operación al-Anfal no sólo eliminó 4 mil 500 aldeas kurdas y asesinó a más de 150 mil personas, sino que se ensañó con el club Erbil SC por ser kurdo. Curiosamente, a unos meses de la caída de Hussein, el Erbil conquistó tres ligas consecutivas.

 

En palabras del escritor y especialista en la región, Maruan Soto Antaki, “la tragedia de los kurdos debe verse distinta a la de otros pueblos. No es que los hemos olvidado, sino que ni siquiera les permitimos ser sujeto de memoria”.

 

En el plano bélico, los kurdos han sido los únicos que oponen resistencia en el terreno a Isis, pero a la vez no fueron incluidos en las fallidas conversaciones de paz sostenidas recientemente en Ginebra. Demasiados intereses y un temor: que con esa sorprendente avanzada que ha evidenciado la vulnerabilidad militar del llamado Estado Islámico, logren formar un cinturón que enlace el Kurdistán sirio con el iraquí y el turco.

 

Sus goles se mantienen supeditados a certámenes no oficiales, como la Copa Viva en la que actúan selecciones de países no aceptados (Zanzíbar, Sahara Occidental, Darfur, Chipre del Norte). Goles que no desembocarán en una independencia que es incómoda para muchos, pero que al menos sirven como un recordatorio que increíblemente no se basta con genocidios y años de sometimiento.

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