La volatilidad petrolera que se desató desde mediados de 2014 provocó que grandes naciones productoras, como Arabia y Noruega, hicieran ajustes en sus economías para tapar los huecos fiscales ante la falta de ingresos petroleros.

 

La baja en los precios del barril Brent, crudo de referencia para Europa, obligó al reino de Arabia Saudita a incrementar los precios de la gasolina de bajo octanaje, similar a la Magna mexicana, más de 60%, mientras que los del equivalente a la Premium subieron 50%, como parte de una medida para reducir el déficit fiscal de ese país que antes de la crisis era cubierta por los ingresos petroleros.

 

El gasolinazo árabe busca reducir los subsidios a los energéticos que en 2014 representaron 107 mil millones de dólares, lo que equivalió a 13.2% del Producto Interno Bruto (PIB) de ese país, de acuerdo con datos del Ministerio de Finanzas de esa nación.

 

En Noruega, el productor más grande de Europa, la baja en los precios llevó su tasa de desempleo a 4%, su nivel más alto en 10 años, debido a una pérdida de 30 mil empleos desde el inicio de la crisis.

 

Una quinta parte de la economía de ese país depende de la actividad petrolera, y la corona noruega ha perdido 30% de su valor contra el dólar estadunidense desde mediados de 2014, debido a su dependencia petrolera, de acuerdo con datos de Bloomberg.

 

De hecho, el país europeo destinará 805 mil millones de dólares de sus reservas para tapar el “boquete fiscal” que se generó a partir del desplome petrolero mundial.

 

Además, el precio de la gasolina en ese país se ubica entre los más altos del mundo, pues alcanza 1.62 dólares por litro, es decir casi 30 pesos.

 

La fluctuación del precio del combustible en el país europeo sólo fue de dos centavos, pero representa más del doble del valor que paga el consumidor final por este producto en México.

 

Infografía: Xavier Rodríguez