Hungría: regreso y recuerdo

Alberto Lati

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Un futbol por siempre nostálgico de lo que hizo y difícilmente volverá a hacer. Un futbol amarrado perpetuamente a imágenes sepia de virtuosismo, a goles en blanco y negro, a glorias cada vez más remotas en la línea del tiempo. Un futbol aplastado por los tanques soviéticos en 1956.

 

La primera selección europea que reinventó este deporte, fue la húngara de los años 50. Dinámica y plástica, eficiente y envolvente, rítmica y sinfónica como si se meciera bajo los acordes del vals El bello Danubio azul de Johan Strauss: balón que iba y venía por la cancha como pareja bailando y soñando; juego de cadencia y toque, de pausa y súbita aceleración, de engaño y seducción; futbol virtuoso como, hasta entonces, sólo se había jugado en torno a otro caudal muy distante, el del sudamericano Río de la Plata.

 

Esa generación fue bautizada con una palabra tan difícil de pronunciarse fuera del contexto magiar, como difícil fue enfrentar a aquel representativo: Aranycsapat, el equipo de oro.

 

Puskas, Czibor, Hidegkuti, Kocsis, Bozsic, Grosics, eran algunos de los genios que coincidieron en tiempo y espacio para semejante despliegue de arte en el estadio. Su escalada a la cúspide tenía que haber sido en la final del Mundial de 1954, a la que llegaban con 31 partidos sin perder y con una estela de goleadas a todo aquel que osara oponer resistencia (a su rival, Alemania Federal, le metieron 8-3 en la primera ronda de aquel torneo).

 

Pero el futbol es raro, y Hungría, que ganaba 2-0 al minuto ocho, terminó cayendo 3-2. El vals del río Danubio, que divide la capital magiar en Buda y Pest, estaba por concluir. Parece tan irónico como caprichoso que la última victoria de la Aranycsapat haya sido contra la Unión Soviética (septiembre de 1956), a pocas semanas de que los tanques soviéticos tomaran las calles de Budapest. El presidente Imre Nagy sería depuesto, sus afanes progresistas sepultados y los cracks húngaros exiliados –por ejemplo, Puskas se iría al Madrid, Czibor y Kocsis al Barcelona.

 

Ese futbol tan fértil e inventivo, intentó despertar, aunque cada vez más lejos de un pasado al que ya nunca ha logrado honrar.

 

Hungría ha calificado a la Eurocopa de Francia 2016. Bien sabemos que eso habría sido imposible de no ampliarse el certamen a veinticuatro participantes, bien sabemos que sus mejores elementos hoy están lejísimos de los equipos grandes, bien sabemos que sus clubes no figuran en ninguna competición europeo, pero es una sensacional noticia.

 

En recuerdo de lo devastado por los tanques soviéticos, en homenaje a lo logrado en esos bohemios y artísticos parajes de los que brotó, con Puskas como maestro de ceremonia, ese inolvidable futbol.

 

Que parezca exótico tener a la selección húngara en un gran evento, resume todo. A diferencia de Albania o Islandia, también clasificados a la Euro, aquí hay demasiada historia. Tanta, que sin el aporte magiar el futbol jamás habría sido el mismo.

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