PARÍS. La Plaza de la República, escenario habitual de las grandes manifestaciones de Francia, se convirtió hoy en el refugio de un París todavía doliente por los atentados terroristas que sacudieron anoche a la capital.

 

Reunidos espontáneamente desde la tarde, varios centenares de personas permanecen en el emblemático lugar, desafiando la prohibición oficial de manifestarse por el decreto gubernamental del estado de emergencia.

 

“He venido para sumarme a la solidaridad con las personas que sufrieron y murieron ayer y mandar un mensaje de unión frente al miedo”, aseguró Thomas Herpai, de 27 años, tras prender una vela a los pies de la esbelta escultura que simboliza los valores de la nación, situada a pocos metros del Bataclan, escenario del mayor drama de anoche.

 

Las concentraciones se repitieron en el mismo enclave que hace diez meses también sirvió de lugar de homenaje por los atentados contra el semanario satírico “Charlie Hebdo“.

 

Una muchedumbre silenciosa desafió las insistentes advertencias por megafonía de las autoridades para abandonar la plaza.

 

“A pesar de la inquietud y de la recomendación de quedarse en casa, lo mínimo es demostrar que este es un país libre”, reflexionó Jacob Velasco, asturiano de 30 años residente en la capital gala.

 

Como en enero pasado, fue una concentración no convocada, fruto de la voluntad de mostrar su solidaridad con las víctimas.

 

“Cuando ocurrió lo de ‘Charlie Hebdo‘, estuve aquí, así que pensé que esta vez la gente se reuniría de la misma manera”, explicó el joven español.

 

Mensajes que rezaban “no tenemos miedo” y “somos la libertad”, rostros compungidos y mudos abrazos ofrecían una imagen bien distinta del acostumbrado ambiente festivo que respira el barrio cualquier otro sábado.

 

“Me podría haber tocado a mí. Suelo ir mucho a los lugares que han sido atacados, como el ‘Petit Cambodge’. Este mismo miércoles fui por última vez”, subrayó Velasco.

 

El barrio ofrecía una imagen inusualmente solitaria, acorde con el resto de la urbe, que contrasta con su acostumbrada atmósfera vibrante y alternativa.

 

La imagen de la Plaza de la República encontró eco en otras ciudades del país, donde también se produjeron manifestaciones espontáneas.

 

Fue el caso de Lille, en el norte del país, o de Metz, en el noreste, o en Marsella, segunda ciudad del país, en la costa mediterránea.

 

La práctica totalidad de las grandes ciudades francesas repitieron acciones populares de memoria a las víctimas del atentado más grave que ha sufrido el país en su historia.