De oficio, guardameta

Alberto Lati

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Como si de cirujanos sometidos a la más delicada especialidad habláramos, sus errores son los únicos irreparables en este deporte. Ya puede fallar cualquiera más en la cancha a sabiendas de que un remedio habrá, pero no el portero.

 

Más difícil todavía para el que es suplente en esta posición, en la que suele haber muy escasa rotación y, por ende, bajísimo índice de oportunidades. Cualquier defensa, medio, delantero, recibirá su posibilidad en cuanto las necesidades del partido o el torneo lo permitan; en su caso, que no juegue es la mejor noticia para el club, síntoma obvio de que el inicialista no ha tenido suspensión, lesión o baja considerable de desempeño.

 

Así se sentó este domingo Hugo González en la banca del América, acaso con la sensación de rutina o trámite que acompaña al que siempre es sustituto y rarísima vez sustituye. Sabedor de que su actividad depende de la inevitable caída del estelar, Moisés Muñoz, y de que su concurso en el partido normalmente se dará bajo circunstancias tan indeseadas como extremas.

 

Para colmo, su ingreso obligado, ante la lesión de Moisés, se dio en el peor de los instantes: con el Toluca a un gol en el marcador y atacando cual vendaval. Así, uno de los primeros balones que le llegaron, fue el gol del empate. Yo no diría que un craso error, si se considera desde dónde le remataron y el bajísimo margen de reacción que tuvo. No obstante, quedó la impresión de que algo más debió hacer y que sus ansiados minutos se habían apestado.

 

Instantes después, en un partido frenético, América recuperaba la ventaja y Toluca dispuso de un tiro penal de último minuto. Ahí apareció el sueño de todo guardameta suplente: hacer esa atajada que puede festejarse como si se hubiese anotado el gol del triunfo.

 

Hugo González vio convertirse su desastroso relevo en la más dulce de las actuaciones. Él, que parecía haber condenado al empate a los suyos, terminó regalando al América una de las victorias más relevantes del certamen.

 

Parte de este drama es lo que sigue: que ningún aficionado águila (o muy pocos) habrá decidido con base en su penal frenado, que la titularidad le corresponde. Moisés Muñoz, con todo merecimiento y garantías, es quien cuida esa portería y lo de Hugo continuará en el rango de los bomberos.

 

Sin embargo, un maravilloso premio a su perseverancia y capacidad para estar en forma pese a su inactividad. Toda una recompensa al gran profesional que sabe trabajar no para jugar el siguiente domingo sino para la eventualidad.

 

De oficio, guardameta. O, lo que es igual para muchos, masoquista profesional.

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