Tom Wolfe pudo haberlos escogido para su novela. Después de todo, quién mejor que Zlatan Ibrahimovic y Cristiano Ronaldo para protagonizar La hoguera de las vanidades. No necesitan presentación. Narciso contra Narciso, Titanes de la moda, de la mercadotecnia, del futbol; protagonistas de un choque que ya vivieron en el repechaje rumbo a Brasil: Suecia vs Portugal. En aquella ocasión ganó el portugués. Hoy se miden con dos camisetas distintas. PSG recibe al Real Madrid en la fase de grupos de la Champions y es garantía de goles, espectáculo y mucha vanidad.

 

Genios particulares. Cristiano es un obsesivo de la imagen. No perdona el cabello engomado, ni siquiera cuando remata a gol se le descompone el peinado. Y, cuando tiene oportunidad, aprovecha para mostrar su “trabajado” abdomen, más ahora que se ha convertido en el goleador histórico del Real Madrid, por encima del último ícono blanco de nombre Raúl González.

 

Ibrahimovic no es tan diferente. Rostro de Cyrano, Zlatan no se guarda nada bajo la lengua, quizá tan habilidosa como sus piernas. Nada lo pinta mejor que su respuesta, en entrevista previa a la Copa del Mundo de Brasil, a la pregunta: “¿Quién pasará la eliminatoria?”; Sólo Dios lo sabe, contestó Zlatan. El periodista increpó: “Difícil preguntarle”, mientras que el sueco zanjó: “Estás hablando con él”.

 

Es el choque en el espejo del Parque de los Príncipes: Real Madrid ante París Saint-Germain. Una nueva edición de un duelo de Titanes: Zlatan Ibrahimovic contra Cristiano Ronaldo, dos genios que son capaces de cualquier cosa.