Antes de irme por primera vez a Japón, mi mejor amigo me recomendó visitar el “parque de los suicidas”. Él me decía “ahí la gente solía suicidarse todo el tiempo y lo que más encuentras a tu paso, son letreros acerca de cuán importante es tu vida, pero todos los ignoraban”.

 

Lo primero que vino a mi mente cuando pensé en ese parque, fue que seguramente sería una especie de memorial por los que se habían quitado la vida ahí, y no habría mas que árboles hermosos, un pasto abundante y una solemnidad inquietante.

 

Faltaban unos cuantos días para que yo partiera a tierras niponas, cuando me vino a la mente el dichoso “parque de los suicidas”, así que pensé que sería buena idea buscar un poco más sobre él para meterlo en mi itinerario de viaje.

 

En mi búsqueda por Google, topé de inicio un artículo que llevaba por nombre: “El bosque de Aokigahara, la meca de los suicidas en Japón”. Ahí fue cuando me di cuenta que el parque, no era tal cosa, sino un bosque. Me intrigué aún más.

 

Abrí el artículo y comencé a leerlo. Éste arranca de tal manera que me emocionó en demasía, pues dentro de mi lista de lugares a visitar estaba el Monte Fuji, así que continué. El texto lo redactó Sinuhé, quien con varios amigos, hace unos años decidió montar una expedición a la cima del Monte Fuji, cosa que aproximadamente toma 10 horas si el grupo no se extravía.

Aokigahara_lenticular-nube

La descripción de los colores, los árboles y paisajes del lugar, solo provocaron que continuara leyendo, pues pronto me enfrentaría cara a cara con una de las creaciones naturales más impresionantes del continente Asiático.

 

Sinuhé y su grupo cumplieron su meta, llegaron a la cima. Pero sabían que al lograr semejante aventura, les esperaría otra de regreso pues tenían que emprender otro camino hacia donde habían dejado su auto estacionado.

 

Todos en el grupo sabían que atravesar el lugar les tomaría otra gran parte del día, así que decidieron ir por un atajo para volver, pero no contaban con que dicho atajo los llevaría a enrollarse con las faldas del bosque que pinta de colores impresionantes el panorama del Monte Fuji.

 

Perdidos, no pensaron en sólo una cosa más que encontrar la pequeña carretera que guía de manera más sencilla a los turistas para subir y bajar el monte en poco tiempo. El único problema fue que no encontraron rápidamente dicho camino y cada vez más fueron tragados por la inmensa flora y fauna del lugar.

 

Después de largos minutos, Sinuhé y sus compañeros, se toparon con un letrero que estaba escrito completamente en japonés. Uno de los del grupo sabía poco el idioma y pudo decifrar que decía  literal lo siguiente: “Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo”.

 

Fue obvio que les extrañara el letrero, pues nunca imaginas encontrarte con semejante leyenda en medio del bosque, pero eso no les impidió continuar para buscar una salida pronta ya que comenzaba a obscurecer.

Metros más adelante, todos notaron varias secciones del bosque con la tradicional cinta amarilla policial, de esas que simplemente te muestran la leyenda “Peligro” o “No entrar”. Ellos pensaron que era una manera de “preservar” algunas zonas, pero todo cambió cuando el grupo comenzó a percatarse de que a su al rededor había muchos despojos personales como ropa, zapatos, mochilas, mantas, y varios embases de agua, líquidos y empaques de pastillas completamente vacías. Eso ya no era normal, ni para el grupo, ni para mi que continuaba leyendo completamente intrigada el artículo.

 

De pronto Sinuhé comenzó a relatar el encuentro macabro que les aguardaba metros más adelante. Restos humanos, cuerpos momificados y otros tantos frescos con sogas al cuello.

 

Sólo de recordar la manera en que lo describía y las fotos que trepó al sitio, se me enchina la piel. Nunca pensé que fuera tan literal el relato de extravío de Sinuhé y su expedición en el bosque de los suicidas que toparon por error a faldas del Monte Fuji.

 

Evidentemente salieron del lugar y seguro después de eso quedaron traumados de por vida, pero yo aún no llegaba ni a Japón ni al Monte, así que aún me esperaba experimentar algo. Aún no sabía qué podía ser, pero definitivamente mi viaje a dicho lugar iba a cambiar por completo. En un momento estaba maravillada pensando que llegar al sitio sería mágico, pero en segundos cambió pues solo pasaba por mi mente algo triste, desolado y macabro.

 

Obviamente el día de mi tour a la cima del Monte Fuji llegó, yo estaba emocionada y nerviosa. No les voy a mentir, yo no emprendí la expedición a pie, 10 horas no les iban a dar a los pobres ancianos que viajaban conmigo en el tour, así que todos subimos por el camino corto, estrecho y rápido gracias a la pequeña carretera que Sinuhé trataba de encontrar una vez que se perdió con toda su excursión.

 

Nunca he sido una persona que siente “vibras” en lugares, más bien me pasa con la gente, y creo que es muy normal para todos, pero esa tarde, al ir pegada a la ventana disfrutando del color cambiante de las hojas verdes por un naranja y rojo otoñal, me hicieron sentir una opresión en el pecho que no podría describir con palabras exactas. Sí, iba predispuesta a sentir algo, pero nunca creí que ese sentimiento llegara así de fuerte invadiendo mi cuerpo en forma de tristeza y miedo.

 

Mis ojos lo único que podían hacer era tratar de introducirse más allá de los árboles para ver si hallaba algo… nunca vi nada, mas que una profundidad inmensa que asusta, y lo único que pensé en todo el camino hasta la cima del Monte Fuji fue: “allí dentro, habitan cadáveres”.

 

Es verdad que año con año, muchas personas recurren al bosque de Aokigahara para dar su último respiro, y simplemente lo hacen ahí por que es gratis y por que no les dejará deudas a sus familiares de llegar a causar anomalías y desastres en cualquier parte de Tokio. Sinuhé en su artículo menciona que en el 2002 se alcanzó el récord de 78 suicidios en el interior del bosque, situación que a más de uno nos hace pensar en el nivel de vida y estrés por el que atraviesan los japoneses a pesar de tener una sociedad basada en el respeto y la buena organización.

 

A mi regreso, conté en repetidas ocasiones estas historias, tanto la de Sinuhé como la mía, pues definitivamente sin su relato, mi visita nunca hubiera sido igual. Ahora sólo pienso en ese tour como algo tétrico en medio de un paisaje hermoso. Unos por ahí me decían que el mismo Monte tiene cierta energía que atrae a los suicidas de Tokio, los vuelve más locos de lo que están y provoca que se quiten la vida en el lugar… me gusta esa parte de ficción al rededor de algo que es verídico y que probablemente siga dejando historia y reportes policiacos.

 

El Monte Fuji y sus bosques, tan hermosos y a la vez tan espeluznantes.