“Cuenta Baltasar Garzón que Giovanni Falcone le refirió que durante el interrogatorio al capo Frank Coppola, el juez le pidió que definiera lo que era ‘la mafia’. Coppola meditó la respuesta: ‘Señor juez: actualmente son tres los magistrados que desean convertirse en procuradores de la República. Uno es muy inteligente, otro está apoyado por los partidos del Gobierno y el tercero es un imbécil. ¿Quién cree que será el elegido? Pues el imbécil. Esto es la mafia’.”

 

El párrafo anterior lo he tomado de un artículo de Diego Torres en El País, titulado “El triunfo de la imbecilidad” (28/6/2015). El texto aparece en el lugar 26 del ranking de las noticias más leídas en la semana 26, coincidentemente, de 2015, de la versión digital del diario español. Las líneas de Torres vienen a juego, el artículo no, así que prescindiré de éste. Las tres noticias más vistas del top five del mismo diario en la semana vigésimo sexta del año en curso son, en orden descendente: “El extraño licor que conquista a la juventud”, ”Dormir sin calor (ni aire acondicionado)” y ”¿Por qué los brasileños se duchan tanto y los chinos tan poco? A simple vista, no hace falta que consultemos el contenido de las notas, con la pura imaginación podemos deducir que se trata de textos superfluos que bien podrían aparecer en cualquier revista del corazón y prensa rosa. El problema es que aparecen en El País, quizá el diario más serio editado en lengua española. El triunfo de estos contenidos representa el éxito de la imbecilidad y son un ejemplo de la no noticia convertida en noticia.

 

Umberto Eco (1932) y Coppola (1899-1982) conocen a la perfección el mundo que habitan.

 

Eco escribe en Número Cero (2015) un relato que versa sobre el periodismo. Así, sin apellidos ni calificativos. Un manual de comunicación de nuestro tiempo —dice Roberto Saviano— que deshebra, y delata, minuciosamente el procedimiento de la construcción de la noticia, la cual, desde la aristamass mediática, es la demostración de la verdad. La nueva novela de Eco ha levantado polémica en los medios de comunicación alrededor del mundo. Al grado que las reseñas y comentarios acerca del libro han sido escritos como coartadas que exculpan a los profesionales de la comunicación de la realidad que desvela el intelectual italiano.

 

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El origen de la polémica

 

El periodismo es el tejido de mentiras más complejo que jamás se haya inventado

KURT TUCHOLSKY

La trama de Número Cero es llana. Un grupo de comunicadores, que no son El Salón de la Justicia ni La Liga Extraordinaria, son convocados para fundar un periódico y se dedican a ensayar la producción de sucesos noticiables. Y es ese lugar —la producción de noticias— donde los especialistas han ubicado el resquemor que los ha llevado a tratar la novela como una parodia del mal periodismo.

Jesús Ceberio, en “Babelia”, suplemento de El País, dice en la primera línea del tercer párrafo de su nota crítica del libro, titulada “Chantaje a bajo coste” (14/4/2015): “Numero Cero es una parodia feroz del periodismo”. Y de los políticos y de los jueces, agrega en el último párrafo. En la mayoría de la prensa se le da un tratamiento de ese tipo al libro; es decir, el aparato mediático destaca sobre todo el sintagma “parodia”, y la frase “mal periodismo”. Quizá un poco por la entrevista que Saviano le hace al autor, en la que Eco responde que no ha querido presentar un tratado sobre el periodismo, sino sobre sus límites.

La realidad como parodia de sí misma

Qué significado lleva implícito calificar el texto de Eco como el argumento del “mal periodismo”, “parodia del periodismo”. Uno bien simple: al enunciar lo malo forzosamente debe de existir lo bueno, si no, no cabría la presencia escritural de la categoría. Los medios buscan desmarcarse, tomar distancia, inducir al lector, al ciudadano, para que éste entienda que el periódico que lee, la página de internet que consulta, es un buen medio, es de los buenos; y que no tiene nada que ver con lo que Eco presenta enNúmero Cero. Dicho de otro modo: el lector tiene que creer que las prácticas periodísticas descritas en el relato de Umberto Eco sólo le atañen a los medios malos, que por supuesto no son los que abordan y le dan voz a su obra.

En otros términos, se podría pensar que hay medios de comunicación nobles, buenos, miembros de la Justice League, y medios malévolos que componen el Suicide Squad, ambos de una u otra forma, constructores de la realidad social, o encubridores. El tema es que Eco no expone un texto-juicio de valor sino un procedimiento, que puede y es usado por la prensa para decir cosas de la verdad, ocultarla, esconderla, incluso colocar en su lugar una mentira.

Los medios de comunicación son en sí mismos una parodia de la realidad. Cuentan los hechos históricos por medio del Multiverso, las realidades alternas, que no se ajustan al tiempo y espacio donde suceden las cosas. Como esa vez que Jacobo Zabludovsky dijo, a unas horas de la matanza del 68 en Tlatelolco: “Hoy fue un día soleado”.

El Suicide Squad protagonista de Número Cero, dirigido por una mente maestra (siempre hay genios de la maldad), se da a la tarea de crear un periódico que no será publicado sino que será usado para extorsionar a los poderes establecidos para buscarse un hueco entre ellos. En el argumento, Eco recurre a hechos históricos acaecidos en el Milán de 1992, lo que le da un carácter verosímil.

 

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“Un periódico consta siempre del mismo número de palabras”

 

En la entrevista de Saviano a Eco, este último afirma que el problema de los medios es el estado de la información; cualquier periódico por más importante y serio que sea contendrá cuatro o más páginas de chismes acerca de nuestros propios eventos políticos. Hay que llenar los espacios informativos —esto ya no lo dice Eco— ofrecer un producto al consumidor, decirle que algo le ha pasado a fulanito, aunque el lector ignore la existencia de fulanito. Como bien decía Chesterton: “El periodismo consiste esencialmente en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. Es el fenómeno que advertimos en el top five de las noticias de El País: “Los brasileños se duchan más veces que los chinos”. Y eso, ¿a quién mierdas le importa? No importa de dónde haya que arrancar las noticias, ni qué noticias sean, o si son noticias, hay un stock que alcanzar, una meta de palabras, de notas, porque, “Un periódico consta siempre del mismo número de palabras, haya noticias o no las haya”. (Fielding).

 

El lector de noticias se traga la realidad

 

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Kurt Tucholsky (1890-1935) dijo alguna vez: “El periodismo es el tejido de mentiras más complejo que jamás se haya inventado”. Y seguramente que algo sabía sobre sus camaradas y colegas, y sobre la prensa, porque Tucholsky era periodista, coeditor de un semanario llamado Die Weltbühne(algo así como La escena mundial), que originalmente se dedicaba a la revista teatral, pero que a partir de  la incursión de éste, también contuvo en sus páginas artículos de política y economía.

 

Tucholsky habría advertido en sus artículos de las peligrosas tendencias antidemocráticas de su tiempo y del nacionalsocialismo que se avecinaba. Tucholsky nació en la Alemania antes de nazismo y buscó a través del periodismo que sus textos tuvieran consecuencias para alertar, despertar y prevenir al lector sobre la verdadera realidad que, consideraba, la prensa ocultaba: “Los esfuerzos de todos los profesionales de la prensa van dirigidos a utilizar todos los medios técnicos y organizativos a su alcance para construir una reproducción que tome un cariz de verdad para el público, pero sin que por ello queden en entredicho los intereses de los clientes, de la industria o de los partidos políticos”.

 

De alguna forma decía que la realidad no se presentaba como tal ante los ojos del otro, sino que se filtraba, y la prensa, los profesionales dedicados a ésta, exponían un encubrimiento: “Aparte de los especialistas, son muy pocos los lectores que se toman la molestia de consultar varios periódicos; y de este modo el lector corriente se forma una imagen del mundo que no se corresponde con la realidad, sino con lo que se dice de ella.”

 

Este periodista alemán, defensor de la República de Weimar y demócrata de izquierdas, trató por todos los medios de desenmascarar al poder que tiene la prensa sobre el relato de la realidad, pero no lo consiguió.

 

El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias.

Umberto Eco

 

Eco desvela el método mediático de tergiversar el mundo y lo que pasa dentro de él a través de ese filtro conocido como La Prensa.

 

Eco, Umberto. (2015). Número Cero. México: Lumen.

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