Difícil imaginar hoy a un Real Madrid sin Sergio Ramos, tanto como a Sergio Ramos vestido con otro uniforme (lo del Sevilla, en sus inicios, duró poco y queda lejos).Tan difícil como habrá sido en cierto momento pensar que otros futbolistas que resultaban emblemáticos para cierta institución, cambiarían de aires: Guardiola dejó el Barcelona, Raúl dejó el Madrid, Lampard dejó el Chelsea… o, en otra época, Beckenbauer portó la playera del Hamburgo, Johan Cruyff la del Feyenoord y Alfredo Di Stéfano la del Espanyol.

 

El mundo del balón confirma que quienes no salen del club del que son bandera, resultan la excepción que confirma la regla. Y la regla marca que todos están en el mercado (o, al menos, dispuestos a estarlo si no se satisfacen sus exigencias).

 

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Sergio Ramos sabe que dada su categoría y nivel, podría facturar al menos cinco millones de euros más por año. Los cobran centrales menos determinantes y resolutivos como David Luiz o John Terry, por lo que ha condicionado su permanencia en la institución merengue a que le sea mejorado su ingreso. Aquí se abre un tema que ya hemos explorado en numerosas ocasiones: que los contratos están hechos para romperse en el futbol. De nada sirve a una entidad tener vínculo a largo plazo con un jugador, si este considera que se encuentra infrapagado o recibe alguna oferta.

 

¿Ramos merece más? Dado lo que aporta defensiva y ofensivamente, moral y mentalmente, individual y colectivamente, no tengo duda. ¿Hace sentido que cobre tanto menos que otros futbolistas del equipo? No, no lo hace. ¿El Madrid está obligado a aumentarle el salario? Para nada, aunque eso le abre dos variantes: si lo efectúa, fija una norma de comportamiento para el resto del plantel (que en el pedir está el dar o escapar); si no lo efectúa, es bajo el elevadísimo riesgo de perder a un defensa que, a mi juicio, hoy no tiene igual.

 

Al tiempo, crece la versión de que el Manchester United habría puesto como condición para soltar al guardameta David de Gea, integrar a la transferencia a Ramos. Con 23 años, De Gea es ya uno de los mejores porteros del mundo y su curva de rendimiento indica que seguirá creciendo. Ramos, con veintinueve, podría comenzar en un par de campañas su declive. Sin embargo, lo anterior no basta para simplificar el enigma; lo único tangible que hoy tiene el Madrid es que pocos defensas han sido capaces de destacar en su línea baja (tan expuesta con medios de corte creativo y obligada a trabajar en muchísimos metros), por lo que no existe garantía de que Ramos vaya a ser fácilmente sustituido (y, si lo fuera, quien llegara lo haría con un traspaso millonario más un sueldo cercano al suyo). Es decir, que yo no entendería su salida ni aunque sirviese para facilitar la incorporación de De Gea.

 

Toda una encrucijada cuyo punto de partida es el haber concedido a quienes todavía no merecían tanto (pienso en Gareth Bale), un sueldo que jamás se pensaba dar a gente de la casa que aglutina mayores méritos.

 

A esta historia le quedan muchas entregas, aunque tiene más pinta de perder el Real Madrid si se desprende de Ramos que el propio defensor andaluz si saliera de la institución merengue.

 

De esto están hechos los veranos futboleros: de especulación y cuerdas que se jalan hasta el límite.

 

Alberto Lati

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