A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda prohibir su venta a menores de edad y su consumo en espacios públicos, el cigarro electrónico es un mercado que va a la alza: actualmente se venden tres mil millones de dólares de este producto en todo el mundo, lo que representa 8% del total de las ventas de la industria tabacalera.

 

En 2014, en el marco de su la sexta reunión de la Conferencia de las Partes en el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, el organismo de salud mundial recomendó a los países firmantes como México prohibir la venta de los Sistemas electrónicos de administración de nicotina (como se le conoce al e-cigarette) y también su uso en espacios públicos cerrados “hasta que se demuestre que el vapor exhalado no es peligroso para terceras personas”.

 

Sin embargo, el organismo advirtió con preocupación que el consumo de los e-cigarettes está creciendo en el mundo pues hasta el año pasado existían 466 marcas que se venden a nivel mundial.

 

En 2013 el mercado internacional para este producto llegó a alcanzar un valor de tres mil millones de dólares, esta cifra representa el 8% de las ganancias de la industria tabacalera tradicional en todo el mundo que -según cálculos de la Asociación Americana del Cáncer y la Fundación Mundial del Pulmón- llegan a los 35 mil 100 millones de dólares anualmente.

 

La OMS estima que para el año 2030, los ingresos obtenidos por la venta de cigarrillo electrónico se multiplicarán en 17 veces pues sólo entre 2008 y 2012 el número de consumidores se duplicó.

 

De acuerdo con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), en México aún “es mínimo” el nivel de penetración de los cigarrillos electrónicos o “vapeadores”; sin embargo, se están llevando a cabo esfuerzos por evitar que aumente su consumo en el país a través de su principal medio de venta: el internet.

 

A propósito del Día Mundial sin Tabaco, la comisión informó que de 2013 a la fecha ha ordenado la baja de 143 páginas en la plataforma de ventas on-line Mercado Libre y se han retirado 576 anuncios de cigarrillo electrónico en portales de internet.

 

En su informe “Sistemas electrónicos de administración de nicotina”, que presentó en octubre pasado en Rusia, la OMS determinó que los cigarros electrónicos o e-cigarettes aumentan la exposición de los no fumadores a productos de nicotina.

 

Aunque reconoce la probabilidad de que sean “menos tóxicos” que los cigarros comunes, el peligro de estos artículos es que el aerosol que los fumadores inhalan o “vapean” (jerga con la cual se le conoce) contiene nicotina y otras sustancias cuyos alcances tóxicos aún no se han determinado.

 

Una opción para seguir fumando 

 

Para Juan Pablo Arredondo, de 28 años, el cigarrillo electrónico representó la manera de seguir fumando en lugares donde está prohibido como en su oficina, lugar de trabajo o en el transporte público.

 

La primera vez que tuvo contacto con un “vapeador” fue gracias a una novia que se lo sugirió como una alternativa para poder pasar más tiempo juntos pues mientras ella es asmática, Juan Pablo es fumador desde hace más de diez años.

 

Aunque no sabe con exactitud de qué está compuesta la sustancia que inhala, con el tiempo el cigarro electrónico se convirtió para él en una alternativa para seguir fumando cuando no podía hacerlo e incluso en una forma nueva para socializar.

 

“Técnicamente podía darme mis caladas en bares, restaurantes, el camión, el taxi, la oficina, la universidad y toda serie de espacios públicos sin mayor problema porque no estás fumando monóxido de carbono sino un glicol”, comentó a través de una entrevista vía correo electrónico.

 

“En cuanto a la sensación, no es exactamente lo mismo: nunca podrás sustituir el sabor ‘natural’ del cigarro, sobretodo porque algunas esencias son demasiado perfumadas, sin embargo, cuentas con esta parte visual del humo en el aire y la posibilidad de sostener el cigarro en tu mano, lo cual no te quita esta parte del ‘poder’ de tener algo siempre entre tus dedos que sólo algunos fumadores entendemos.

 

“En definitiva no es lo mismo, hasta el privilegio de lanzar la colilla o de ver la ‘cerecita’ no existe, pero es un parote cuando te urge una fumada en un espacio cerrado”, dijo.

 

Cuando comenzó a consumir el e-cigarette (hace unos tres años) era muy difícil de encontrar, por lo cual debió encargarlo de Estados Unidos e incluso contactó vendedores que le prometían traérselos desde China; sin embargo, con el tiempo se ha hecho más fácil encontrarlos hasta en mercados o tianguis y a través de internet, lo cual ha ocasionado una disminución en el precio.

 

“Hace algunos años, el cigarro electrónico era bastante inaccesible, con decirte que los exportaban desde China tanto por su clandestinidad como por su rareza: hasta en dos mil pesos te los encontrabas, pero ya han bajado su precio. Puedes encontrarte algunos medio piratotes o desechables en 150, pero un kit bueno lo armas con 500-600 pesos. Está padre la idea pero nunca dejé de fumar porque nunca planeé dejar de hacerlo”.

 

El negocio se aloja en internet 

De acuerdo con el artículo 16 de la Ley General para el Control del Tabaco está prohibido distribuir o vender cualquier objeto que sin ser producto del mismo sí sea identificable con el tabaco, como los cigarros electrónicos.

 

“(Se prohibe) Comerciar, vender, distribuir, exhibir, promocionar o producir cualquier objeto que no sea un producto del tabaco, que contenga alguno de los elementos de la marca o cualquier tipo de diseño o señal auditiva que lo identifique con productos del tabaco”, señala el texto.

 

A pesar de ello, los vendedores de cigarros electrónicos han encontrado la vía para operar a través de Facebook, blogs, sus propias páginas y Mercado Libre, empresa que firmó un convenio con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) de la Secretaría de Salud, para “bajar” las páginas que vendan estos productos.

 

La venta se acuerda a través de foros e incluso por mensajes personales vía Whatsapp; se hacen depósitos vía PayPal o bancarios y la entrega se realiza por servicios de mensajería.

 

De acuerdo con Gerardo Aguirre Flores socio de la empresa estadunidense Sin Humo LLC y de la tienda en línea www.sinhumo.mx, los cigarros que venden en su portal son de “alta calidad”, producidos en China e importados primero a Estados Unidos y después a México.

 

En un comentario vía mensaje de texto, dijo a 24 HORAS que el éxito de su producto en el país es que para muchos de sus clientes sí representa una alternativa para reducir su consumo de cigarro.

 

“En mi experiencia como fumador, no compré este producto con la intención de dejar a fumar, pero por curiosidad, me sorprendió que satisfago mi tabaquismo ya que aunque muchas veces no se me hacía placentero fumar, pero no me podía ni imaginar cesar de fumar. No extraño fumar ni tengo la tentación de fumar de nuevo. Igual a numerosos clientes”, mencionó.

 

Sin dar más detalles, otros importadores consultados por este diario señalaron que los cigarros electrónicos se introducen de manera muy similar a otros productos como la ropa, la piratería o las maquinitas para apostar, “por medios heterodoxos”, según comentaron.

 

De acuerdo con el comisionado de Operación Sanitaria de la Cofepris, Álvaro Israel Perez Vega, la Ley no prohíbe su importación por lo cual no se pueden llevar operativos en las aduanas para detener su entrada al país y tampoco se pueden retirar a las personas, cuando les son encontrados en su equipaje, otra de las formas para introducir al país los cigarros electrónicos.

 

El problema para los consumidores es que los productos que se comercian en México no están certificados por la autoridad sanitaria que desconoce de qué están hechos: qué es lo que se están fumando sus usuarios.

 

“La producción es prácticamente china, tanto del cigarrillo electrónico como de sus accesorios. No hay evidencia científica que demuestre que la gente que lo consume deja de fumar. El cigarrillo y sus accesorios, desde los aromatizantes, saborizantes hasta los dosificantes de nicotina, no tienen una certificación de buenas prácticas de manufactura, sus procedimientos de elaboración son desconocidos y por ello no sabemos cuál es el efecto real en la salud, se presume que puede tener situaciones dañinas o todavía peores que el tabaco tradicional”, dijo en entrevista.