Su imagen, derroche de gol y genialidad al margen, quedó estigmatizada por situaciones con dos específicos jugadores con los que el destino ha querido que se tope en el partido más relevante de su carrera.

 

Será en el OlympiaStadion de Berlín, en la mismísima Final de Liga de Campeones de Europa, en donde el crack uruguayo Luis Suárez vuelva a estar en una cancha ante dos futbolistas con los que sostuvo incidentes que terminaron por marcarle a perpetuidad.

 

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La mordida en 2014 a Giorgio Chiellini fue al menos la tercera del delantero en un partido de futbol, aunque sin duda la más sonada: por estar en pleno Mundial, por el choque entre dos potencias como Italia e Inglaterra, por la reincidencia, por el castigo sin precedentes que siguió a esto.

 

Las acusaciones de insultos racistas, en 2011, a Patrice Evra fueron también la enésima polémica en la que estuvo involucrado un jugador a menudo foco de la disrupción: por lo que supone un clásico de la Liga Premier (era un Liverpool-Manchester United), por los reflectores que le concedió la opinión pública británica, por el trato (y castigo) dispar en relación con lo sucedido con John Terry y Anton Ferdinand en esos mismos días, porque ya para ese momento Suárez era visto como la antítesis de lo políticamente correcto en un campo de futbol. A eso contribuía una acción que nada tiene que ver con esto: la mano en la línea de gol en Sudáfrica 2010, con la que salvó a Uruguay de la eliminación ante Ghana; mordidas e insultos, son cosa distinta; esa mano, seamos sinceros, la metería cualquiera en su situación.

 

Desde que pudo reaparecer en el Barcelona tras su dilatado castigo, el delantero ha tenido un comportamiento casi impecable; habituado en la selección uruguaya a incluso repartir mentadas a quien no le comparte el balón, parte del éxito de su sensacional integración a Messi y Neymar, ha sido una actitud extrañamente armónica, serena, humilde. Seis amonestaciones en 24 partidos, parecen poca cosa si se comparan con el huracán que fue su trayectoria antes.

 

Evra manifestó sólo terminar la Semifinal ante Real Madrid: “Haré que sienta mi presencia”. Todo se remonta a octubre de 2011. En la disputa del clásico, fue clara la imagen de Evra y Suárez discutiendo, chocando, polemizando. El uruguayo admitiría que usó la palabra negro, pero que no en sentido peyorativo sino conciliatorio (textual) y culparía a la barrera lingüística del escándalo; el franco-senegalés insistiría en llevar el cargo a últimas instancias. Quiso el destino que Luis reapareciera precisamente a pocos días de otro cotejo ante el United; llegado el momento de saludarse, no dio la mano a Evra, éste le agarró el brazo con molestia y todo terminó peor que como estaba al inicio, con el defensa celebrando a medio metro del atacante la victoria de su equipo y Alex Ferguson calificando a Suárez como “una desgracia para el Liverpool”.

 

La diferencia respecto al incidente con Chiellini fue que el propio italiano protestó la suspensión impuesta a Suárez y pidió clemencia para él, al tiempo que el también juventino Evra ha mantenido una alta sensibilidad hacia ese episodio.

 

Será el 6 de junio en Berlín, en plena Final de Champions. Luis Suárez, perseguido por tormentas y/o generador de tormentas, tiene en el cotejo de mayor audiencia del año, el reencuentro con el estigma que todavía lo persigue. Futbol al margen, lo que pase entre ellos será noticia.

Alberto Lati

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