Muy prematura ha resultado la capitulación del Manchester City: el campeón defensor acumuló este lunes su tercera derrota en los últimos seis cotejos, con lo que no sólo deja vía libre a la fuga del líder Chelsea, sino que incluso se complica sus posibilidades de calificar directo a la próxima edición de la Champions League.

 

El futbol va demasiado rápido y la exigencia de regularidad es alta. De tal forma que apenas un mes de distracción suele traducirse en renunciar a cualquier perspectiva de festejo. Ya al inicio del año, los denominados citizens tuvieron un bache, aunque el haber sobrevivido en su visita al Chelsea (al igual que en la ida, en Stamford Bridge hubo empate a uno), hacía entender que la persecución se mantendría hasta la última jornada. No ha sido así y dos equipos con temporadas que acumulan elevadas dosis de criticismo han rebasado al City: sus vecinos del United y el Arsenal.

 

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Muy pronto podemos anotar a otro campeón de la temporada 2014-15 dentro de las grandes ligas europeas. En Italia es evidente que nadie robará el cetro a la Juventus (ventaja de 14 puntos sobre la Roma), así como en Alemania el Bayern se coronará por mucho que haya experimentado una notable baja de productividad (se mantiene 10 unidades por encima del Wolfsburg).

 

El misterio será reservado a España y, sobre todo, Francia. En el primer caso, el Barcelona tiene cuatro unidades más que el Madrid; en el segundo, mucho más intenso, París Saint Germain y Olympique de Lyon enfilan a la recta final del certamen con un solo punto de separación.

 

Pero hablaba del City, que seguramente truncará el proceso de Manuel Pellegrini. Buen director técnico al que, sin embargo, sigue faltando algo para poderlo anotar entre la élite máxima del balón. Su primer año en el estadio Etihad había sido de dos títulos, Liga Premier y Copa de la Liga, mas la aridez en este segundo ejercicio parece condenarlo.

 

Que el Manchester City fracase como lo ha hecho va a propiciar alto despilfarro de dinero, a mover con fuerza el mercado de piernas y a poner a circular decenas (o cientos) de millones de dólares. Su plantel luce inferior al del líder Chelsea y Pellegrini ha hablado ya (bajo el entendido de que se quedara) de buscar peces gordos como refuerzos.

 

Al tiempo, todo vuelve a hacer sentido para José Mourinho, quien levantará la octava liga de sus últimas 12dirigidas en cuatro países (dos con Oporto, dos en su primera etapa en Chelsea, dos con Inter, una con Real Madrid y la que está por consumarse con los blues). Es fácil coincidir en que no ha sido su mejor campaña e incluso sus porcentajes de victorias develan que es comparativamente una de sus peores temporadas, aunque el Chelsea quebrará cinco años de sequía en la Premier y su pastor volverá a ser quien hasta antes de esta edición, había dado a esta institución londinense dos de las cuatro ligas en su historia.

 

Inicia abril, sale el sol en Europa Occidental, viene la etapa decisiva del año futbolístico, pero en Inglaterra el campeón defensor ha capitulado y habrá nuevo rey.

 

 

Alberto Lati

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