¿Irresponsabilidad o valentía? O, por ponerlo en términos utilizados por Pelé para referirse a esa forma de cobrar un penal: ¿cosa de genios o de locos?

 

“Perdón por la palabra, pero yo la cagué”, explicaba un apesadumbrado Alfonso González luego de haber desperdiciado el penalti que debió implicar la victoria atlista ante Chivas. No fue en un partido cualquiera, era nada menos que el clásico tapatío; tampoco en un momento cualquiera, nada menos que en el último suspiro del cotejo; y su cobro no fue bajo un fallo cualquiera, nada menos que por cobrar a lo Panenka, lo que permitió la reacción de un Luis Michel ya derribado.

 

El talentoso y prometedor Ponchito tomó una decisión que hoy lamenta, misma que le perseguirá a perpetuidad en una estampa que tiende a adherirse al imaginario colectivo que rodea al más relevante cotejo de la ciudad de Guadalajara.

 

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Para aquellos que no lo vieron o no entienden a lo que me refiero, cobrar un penalti a lo Panenka consiste en pegar un pequeño toque en la parte inferior al balón, bajo el entendido de que el portero se lanzará antes y dejará el arco desguarnecido; basta con que el guardameta se quede parado para que cómodamente cache el dócil disparo.

 

Su nombre viene del delantero de la extinta Checoslovaquia, Antonin Panenka, quien en la tanda de penaltis que definía la Final de la Eurocopa de 1976 contra Alemania, resolvió su envío con una ejecución de ese corte; era el penalti decisivo, por lo que el atrevimiento del delantero significó la gloria, como también pudo suponer no volver a vivir en paz de haber errado: casi el destierro o eterno repudio; el único título en la historia de su selección pudo no ser por ese estrafalario método.

 

Por unos años el penalti a lo Panenka quedó ligeramente archivado; pocos se atrevían a replicarlo o lo hacían bajo situaciones menos comprometedoras. En los últimos 15 años ha resurgido con inmensa fuerza. Zinedine Zidane estuvo cerca de fallar así en plena final de Alemania 2006 (ese partido que cerró con su cabezazo a Marco Materazzi y expulsión).

 

Francesco Totti lo utilizó en Semifinales de la Eurocopa 2000 frente a Holanda y en Holanda. Sebastián Abreu era un experto en esas artes y no dudó en realizarlo ante Ghana en los Cuartos de Final de Sudáfrica 2010 (lo extraño es que el portero ghanés fuera el único que no estuviera enterado de tan evidente posibilidad). Más ejemplos abundan en los últimos grandes torneos: Helder Postiga en la Euro 2004, Gonzalo Pineda para México en las Semifinales de la Copa Confederaciones 2005, el ucraniano Artem Melevski en el Mundial 2006, Sergio Ramos y  Andrea Pirlo en la Euro 2012.

 

Meterlo implica la mejor interpretación de la irreverencia, que es la astucia; fallarlo, la peor, que es la irresponsabilidad. Como Ponchito González resumió con abatimiento tras el clásico: “el equipo se partió la madre y tengo que ofrecer una disculpa”. Sin duda, quien decide solventar su penalti a lo Panenka, debe de saber a lo que se expone.

 

Ese checoslovaco corpulento y bigotón, estrella del club Bohemians de Praga, consolidó la técnica más bohemia en la historia del futbol. Y bien se sabe, de la bohemia lo mismo puede brotar arte o desperdicio. En todo caso, como ante todo proceso creativo, hay que atreverse, y no cualquiera.

Alberto Lati

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