Tri: experimentos y rotaciones

Alberto Lati

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La decisión habitual en las selecciones solía ser priorizar la conjunción de un once y aprovechar cuanta oportunidad surgiera para poner juntos a los mismos, que se memorizaran, que se adaptaran, que se adhirieran; la nueva tendencia pretende, más bien, utilizar cada convocatoria para observar en acción a absolutamente todos los convocados.

 

En el segundo de estos sentidos ha ido la forma de trabajar de Miguel Herrera al frente de la selección mexicana; este martes, ante Paraguay, el Tricolor alineara a 10 elementos diferentes en relación a los que aparecieron el sábado en el cotejo amistoso con Ecuador.

 

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Los pros y contras son evidentes: a favor, el poder probar a una gama más amplia de futbolistas, hacerlos sentirse parte del proceso, integrarlos y estudiarlos; adverso, el desperdiciar la mitad de los ya de por sí escasos encuentros de selección, dado que a menudo esas formaciones alternas se convierten en ensaladas o frankensteins que no da para demasiado juicio ni para mejorar el colectivo.

 

Más allá de lo anterior, vale la pena esgrimir dos argumentos totalmente favorables al modo de trabajar del Piojo Herrera. Por un lado, que si un director técnico ha sido fiel a su once en los grandes eventos, es él; nadie antes había repetido alineación mexicana en los tres choques de la primera ronda de un Mundial e incluso para octavos de final sólo cambió al sancionado José Juan Vázquez (le sustituyó Carlos Salcido); es decir, que cambios y rotaciones al margen, Miguel tuvo clarísimo lo que quería y lo demostró a la hora importante.

 

Por el otro, que este verano obligará al Tricolor por partida doble, al haber dos eventos consecutivos (Copa América en junio en Chile, Copa Oro en julio en Estados Unidos) en los cuales no repetirá ningún jugador; de tal forma que esta selección necesita, más que nunca, afianzarse en dos frentes, encontrarse en dos campos, conjuntarse en dos sentidos.

 

Sin embargo, no es sólo lo arriba planteado, sino toda una tendencia; España, por ejemplo, dará actividad en el amistoso de este martes ante Holanda a once que no comenzaron el viernes en el eliminatorio de Eurocopa con Ucrania. Italia enfrentará a Inglaterra con ocho novedades en relación a lo colocado frente a Bulgaria. Francia varió ocho nombres entre el compromiso con Brasil (jueves) y el de Dinamarca (domingo). Siguen siendo muchos los que se aferran a un once y lo ponen a cada oportunidad, pero Herrera es de quienes prefiere mirar a todos en acción y no hacer traer a convocados sólo para que entrenen o se sienten en la banca.

 

Así, este martes veremos en la portería a Edgar Melitón Hernández, llamado de último instante para suplir la baja de Memo Ochoa; a Jesús Dueñas, Diego Reyes, Oswaldo Alanís, Julio César Domínguez y Jorge Torres Nilo en la defensa; a Jonathan Dos Santos, Juan Carlos Medina y Javier Güemez en la media; y a la dupla Raúl Jiménez-Eduardo Herrera al ataque. Sólo repite Reyes, a quien es evidente que se busca dar minutos, ante el limitado concurso que tiene con el primer equipo del Oporto.

 

¿Qué es mejor? ¿amarrarse a 11 o rotar para observar? Cuestión de enfoques, pero esta vez Miguel Herrera tiene a favor el ya estar respaldado por la experiencia de una Copa del Mundo y, más aun, el singular verano de doble trajín que le espera.

 

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