No quedará más remedio a los deportistas que maquillar u ocultar sus preferencias por determinado equipo; suena difícil y contradice la naturaleza de las redes sociales, pero sólo así podrán prevenir las eventualidades que arroje su carrera.

 

Si el mundo es chico, el mundo del futbol todavía lo es más y ningún jugador puede sospechar en dónde estará militando al cabo de un breve lapso de tiempo. Aquello de que lo que no se postea no ha ocurrido, estandarte de toda una generación, tiene esa severa limitante para quienes se desempeñan en un deporte de conjunto: que todo lo que opinen, más allá de la inmediatez de la actividad propia, puede ser usado en su contra.

 

Como cualquier muchacho de 20 años que tenga pasión por el futbol, el ahora defensa chiva, Carlos Salcedo, twitteó a favor de los colores que ama (o amó, o amaba). Frases hoy difíciles de sobrellevar como “a ver a mis Águilas ganarle a las muertas Chivas de Guadalajara”.

 

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Por entonces militaba en la Major League Soccer estadounidense y veía inviable una posible incorporación al Guadalajara, por mucho que fuera algo irrechazable no sólo para quien actúa en el Real Salt Lake, sino para la mayoría de los futbolistas que participan en la Liga Mx.

 

Salcedo ha intentado modificar los densos antecedentes con un mensaje que no hizo más que incrementar los comentarios sobre sus pasadas preferencias, explicando que su abuelo jugó en Chivas e insistiendo (textual) que tiene sangre rojiblanca.

 

Es imprescindible recordar la cantidad de cracks que triunfaron portando el uniforme opuesto a su pasión original. Quizá si Franz Beckenbauer hubiese tenido twitter habría publicado algo a favor del otro equipo de la ciudad y no del Bayern (el 1860 Múnich), así como el ícono americanista, Cuauhtémoc Blanco, ha admitido que en su familia se apoyaba al Guadalajara.

 

Nada de malo con todo lo anterior y, siendo sinceros, tampoco con que cada cual exprese lo que guste…, aunque a sabiendas de que esto da vueltas y tarde o temprano lo dicho regresa.

 

A Raúl Alonso Jiménez le sucedió algo todavía más impensado: terminar jugando para el Atlético a pocos meses de haber confesado en twitter su amor por el Real Madrid. Sin duda, eso enrareció el ambiente en torno al mexicano al incorporar al cuadro colchonero; iniciar con silbidos nunca será idóneo y a la fecha este delantero carga con una presión adicional.

 

La única recomendación posible para quien ya ha debutado, es la misma que requiere cualquier político por pequeño o desconocido que parezca su cargo: prudencia. Antes se decía que las palabras se las lleva el viento, algo que hoy no puede aplicarse a los tweets.

 

Más que criticar al prometedor Carlos Salcedo, habría que ejemplificar ante los demás jugadores: las redes propician un especial vínculo con los seguidores, pero a menudo esconden enredos. En cuanto alguien se convierte en jugador ha de admitir que, al menos ante la opinión pública, ya no puede seguir siendo aficionado.

 

Alberto Lati

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