En un lapso de pocas horas, los dos gigantes tropezaron: el primero, Real Madrid, dejando atrás una racha de 22 victorias consecutivas; el segundo, Barcelona, víctima de la evidente falta de sentido de común en su liderazgo.

 

No obstante, a lo que íbamos: que lo normal en cualquier certamen de 38 jornadas del planeta, es que de manera más o menos recurrente todos sus contendientes dejen escapar puntos.

 

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“Liga loca” denominaron a la anterior, cuando entró en una racha en la que parecía que nadie deseaba ser campeón; el cálculo original, mera teoría, indicaba que Atlético, Barcelona y Madrid recopilarían la mayor parte de sus unidades, pero en la práctica (“La pelota es redonda, el partido dura 90 minutos y todo lo demás es teoría”, apuntaba el director técnico alemán Sepp Herberger), nada fue así. Liga loca porque los tres aspirantes despilfarraban oportunidades; liga sensata si nos apegamos a nociones elementales de competencia y probabilidad.

 

Detrás de un club que levanta el trofeo a falta de un mes para concluir o de un monarca que totaliza más de 100 puntos, también se esconden ínfimos niveles de competitividad. No es lo deseable, sea con Bayern en Alemania o con los dos tiburones en España. Al mismo tiempo, claro está, también evidencia la buena planeación de determinados planteles o el poderío económico de ciertas marcas deportivas, lo que permite semejante distancia.

 

El merengue más enrachado de todos los tiempos no logró sobrevivir a la siempre pesada aduana de Valencia, algo que a nadie tendría que extrañar: Mestalla es uno de esos estadios difíciles, que aprietan, que sofocan, que cargan a los suyos; y el once naranjero actual es particularmente eficaz. Si a eso añadimos que parte del récord madridista se sostuvo de pilares frágiles o dependió de algunos momentos más bien circunstanciales, entonces hasta parece natural.

 

Lo del Barça es cosa distinta, porque hoy por hoy nos cuesta legitimar a la entidad blaugrana. Dependiente al extremo de sus dos astros en lo que llevamos de la temporada (Messi y Neymar), en cuanto su director técnico cometió la torpeza de concederles tres días más de vacaciones, todo se derrumbó. Primero, los exentó de volver cuando el resto, luego los mandó a la banca. Sin ellos, queda muy poco en la cancha, y la Real Sociedad es un rival serio.

 

La Liga Loca (o sensata) ahora trae al Madrid un punto por delante de Barcelona y Atleti, que podría ampliarse a cuatro si los merengues saldaran con victoria su cotejo pendiente. Lo mejor es que no son sólo ellos: en este momento parece factible perder unidades también ante Sevilla, Valencia, Villarreal, los siempre duros vascos de Athletic y Real Sociedad. Suficientes escollos para ponerle chiste a algo que últimamente poco de eso ha tenido.

 

El Madrid es derrotable, como bien demostró el Valencia; el Barça ya ni coincide en el uniforme con el que fue, como muchos rivales han dejado claro. Gran noticia para abrir este 2015, más allá de si se simpatiza con uno o con otro, porque entonces quien sea campeón lo hará con mayor mérito y emoción. Por si hiciera falta más pasión, esta semana hay derby en la Copa del Rey: Real-Atlético.

Alberto Lati

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