NAIROBI. Mujeres y niñas secuestradas por la secta islámica Boko Haram, ya en libertad, han denunciado a Human Rights Watch (HRW) que el gobierno nigeriano no las ha protegido de forma adecuada al no garantizar su seguridad en las escuelas, frente a sus captores ni darles atención médica tras su cautiverio.

 

 
Un informe de HRW hecho público, que incluye testimonios de algunas de las más de 200 mujeres capturadas en una escuela de Chibok (norte de Nigeria) hace seis meses y que lograron escapar, denuncia que las secuestradas hicieron trabajos forzados, fueron obligadas a casarse, a convertirse al Islam o fueron violadas en cautividad.

 

Boko Haram ha capturado a más de 500 mujeres y niñas desde 2009, y ha intensificado sus secuestros desde mayo de 2013, cuando Nigeria impuso el estado de emergencia en los estados del norte en los que la secta es más activa, Borno, Adamawa y Yobe.

 

El documento, titulado “Aquellas terribles semanas en su campamento: la violencia de Boko Haram contra mujeres y niñas en el noreste de Nigeria”, se basa en entrevistas a más de 46 testigos y víctimas de secuestros en el norte del país, entre ellas algunas “niñas de Chibok” que consiguieron escapar.

 

Las declaraciones de las víctimas sugieren que el gobierno nigeriano no las ha protegido adecuadamente de una gran cantidad de abusos: no les ha ofrecido atención médica ni mental tras recuperar su libertad, como tampoco ha garantizado la seguridad en las escuelas ni ha investigado ni procesado a los responsables.

 

Los radicales han centrado su campaña del terror en estudiantes y cristianos, a quienes amenazan con azotar, golpear o matar a no ser que se conviertan al Islam, dejen de ir a la escuela o lleven el velo islámico.

 

A sus 19 años, una estudiante de la escuela secundaria en Konduga, en Borno, relató a HRW cómo fue capturada por hombres armados cuando volvía en coche de la escuela con otras cinco chicas el pasado enero.

 

“¡Ajá!. Las estábamos buscando. Así que sois vosotras las cabezotas que insisten en seguir yendo a la escuela cuando ya hemos dicho que ‘Boko’ -educación- es ‘haram’ -pecado-. Vamos a mataros aquí y hoy”, amenazaron, según recuerda la víctima.

 

Los terroristas las internaron en los bosques de Sambisa, donde permanecieron dos días en cautividad, hasta que fueron liberadas al hacerse pasar por musulmanas y comprometerse a no volver a la escuela.

 

Boko Haram ha secuestrado a numerosas personas, antes y después de la captura de las escolares de Chibok, cuyo relativo éxito parece haber animado a los radicales a intensificar su campaña de secuestros en otras zonas del país.

 

La organización estima que, desde 2009, más de siete mil civiles han muerto en cientos de ataques de Boko Haram en el norte y Abuya, y más de la mitad de estas muertes se han producido solo en el último año.

 

Según el director para África de HRW, Daniel Bekele, tras el secuestro masivo hace más de seis meses en Chibok y la campaña mundial impulsada en las redes sociales para reclamar la vuelta de las niñas, “el gobierno de Nigeria y sus aliados deben intensificar sus esfuerzos para poner fin a estos secuestros brutales”.

 

Bekele remarcó que las autoridades nigerianas también deberían velar por las “necesidades médicas, psicológicas y sociales de las mujeres y las niñas que han logrado escapar”.

 

Mientras que el gobierno federal y los estatales de Nigeria han destinado fondos para las 57 estudiantes de Chibok que han recuperado su libertad, otras víctimas de Boko Haram no han recibido ninguna ayuda.

 

La situación en Yobe, Adamawa y, fundamentalmente, en Borno, es de un “conflicto armado” al que deberían aplicarse las leyes de guerra y el derecho internacional humanitario, según HRW.

 

El Ejército nigeriano anunció el pasado día 17 un acuerdo de alto el fuego entre Nigeria y Boko Haram, que según el gobierno incluía un pacto para liberar a las niñas de Chibok, algo que hasta el momento no se ha producido.