El final de las otras Chivas

Alberto Lati

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Cuando en 2003 Jorge Vergara anunció que estaba cerca de adquirir una franquicia en la estadounidense Major League Soccer (MLS), no podía preverse más que el mayor de los éxitos; si no deportivo, por lo menos económico.

CHIVAS USA

Una década atrás, ya no era sorpresa para nadie que la marca Chivas tenía la capacidad de generar dinero a granel en la Unión Americana a través de la comunidad hispana. Por aquel momento, el acérrimo rival del Guadalajara también sondeó (o intentó) incrustarse en la dinámica de la MLS con lo que hubiera constituido el América-USA, aunque esa posibilidad nunca se concretó.

 

 

En todo caso, un Chivas-USA lucía de antemano más poderoso, por lo que el mexicanísimo Rebaño podía inspirar en medio la nostalgia que caracteriza al inmigrante, por la rivalidad que brotaría con los cuadros “estadounidenses” y por la obvia fuerza de atracción hacia los millones de latinos de Los Ángeles. Si el Guadalajara genera millones en cada visita al vecino del norte, Chivas USA lo haría a cada jornada.

 

La MLS se encontraba en un momento difícil y seguramente pensó que una sucursal del Chiverío implicaría un bálsamo. Tras un inicio pujante en 1996, la euforia parecía diluida y ya no había grandes contrataciones en esta liga. Las curvas de ingresos y de asistencias a los estadios no eran lo que se esperaba y recién habían desaparecido dos equipos (Tampa Bay Mutiny y Miami Fusion), así como otros tres habían cambiado de nombre (New York Metrostars a New York Red Bull, Dallas Burn a FC Dallas y San José de Clash a Earthquake).

 

En resumen, fueron años de reacomodo durante los que las expectativas de la MLS no lucían demasiado altas; imposible sospechar que para 2015 la liga ya habría ampliado su cupo a veinte equipos, varios de ellos jugando en estadios exclusivos para futbol y ante aforos promedio cercanos a las 20 mil personas. Mucho menos, que el nuevo contrato de patrocinio para implementos deportivos incrementaría a 200 millones de dólares por ocho temporadas y que se firmaría un convenio de televisión con la NBC, además de los existentes con Univisión y ESPN (tan distinto a aquella época en que la MLS pagaba por ser emitida en su intento por popularizarse o difundirse).

 

Sin embargo, tal bonanza de la MLS no se tradujo en la permanencia de Chivas-USA. De entrada, había lanzado un slogan tan interesante como desafiante, “Adiós soccer, el futbol está aquí”, aludiendo a que darían lecciones a la liga respecto a cómo se juega este deporte. Sin embargo, nunca existió tal cátedra y hubo algo más difícil de sobrellevar: que los aficionados jamás se adhirieron a una sucursal multinacional del equipo cien por ciento mexicano. El conflicto de identidad resultó inevitable, la rivalidad México-Estados Unidos fue imposible, porque Chivas-USA no terminaba de ser percibido como mexicano.

 

Hubo momentos polémicos, como las acusaciones de discriminar a quien no fuera latinoamericano, pero el problema fue de identidad y, en menor medida, de futbol: que en el mapa futbolístico de Los Ángeles, el Galaxy siempre estuvo por encima.

 

Ahí estaba la semilla del futbol del futuro, con sucursales que captaran a comunidades de inmigrantes. Pero no. Como casi todo lo que ha acontecido a Vergara desde que entró al futbol, quedó en mera ilusión: ni títulos deportivos, ni ingresos estratosféricos. El soccer ya estaba ahí, acaso por eso el futbol no logró entrar.

Twitter/albertolati

 

 

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