Tras el accidente de Bianchi

Alberto Lati

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No porque el deporte motor sea inevitablemente riesgoso, ha de eludirse un debate fundamental en relación al accidente de Jules Bianchi el pasado domingo en el Gran Premio de Japón de Fórmula 1: ¿ha existido negligencia o no?

 

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Los monoplazas y este campeonato en general han incrementado sustancialmente sus condiciones de seguridad, y el primer argumento que lo valida es que la última vez que falleció algún piloto a consecuencia de un percance en la mayor categoría del deporte motor, fue 20 años atrás (aquel fatídico circuito de Imola, en el que murieron en días consecutivos Roland Ratzenberger y Ayrton Senna). Hasta antes de ese Gran Premio de San Marino de 1994, que cambió todos los estándares y protocolos de seguridad de la Fórmula 1, las cifras eran por demás lamentables: cuatro perecimientos en los años 80, 10 en los 70, 10 en los 60.

 

 

No obstante, lo padecido por Jules Bianchi en el circuito de Suzuka, fue propiciado por dos detalles de obligada mención: primero, el clima; segundo, el obstáculo contra el que impactó.

 

 

El tifón Phanfone se aproximaba a Suzuka. Eso hizo predecir condiciones difíciles para la carrera y, de hecho, acaparó todo el debate previo sobre la carrera (más allá de las circunstancias en que arribaba cada piloto). Finalmente, se previeron fuertes lluvias no sólo para el día, sino para el específico momento en que los bólidos rodarían ahí.

 

Llegó a plantearse un cambio de horario, lo cual se desestimó por dos factores: por un lado, las audiencias disminuirían si se arrancaba antes en Japón, al coincidir eso con la madrugada europea; por otro, porque los aficionados no alcanzarían a llegar a Suzuka al desplazarse desde las principales ciudades niponas (sobre todo Tokio, a 300 kilómetros). Desechada la opción de adelantar el inicio, tampoco se consideró la posposición que hubiera implicado perder luz natural. Así, se decidió correr bajo las extremas condiciones atmosféricas que dio a conocer el servicio meteorológico (ni más ni menos: lo que ya se esperaba).

 

 

En ese sentido se manifestó el piloto Felipe Massa: “Lo terminaron muy tarde. Yo ya llevaba gritando en mi radio cinco vueltas, antes de la salida del coche de seguridad… Había mucha agua en la pista”.

 

 

Y la grúa. La tecnología de los Fórmula 1 está hecha para evitar daños mayores en choques ante obstáculos comunes: muros de contención, otros monoplaza, barreras intencionalmente colocadas a los costados…, pero no contra un tractor. Jules Bianchi perdió el control y salió del circuito con tal infortunio que impactó con la pesada grúa que levantaba a otro auto accidentado (el del alemán Adrian Sutil).

 

 

La imagen grabada por un aficionado, dada a conocer este lunes, nos da una dimensión más clara de lo sufrido por Bianchi: ¿mala suerte? Quizá, más bien, malas medidas. Esa es la postura de la leyenda Alain Prost: que la organización debió prevenirlo.

 

 

El piloto retirado de Fórmula 1, Martin Brundle, vivió en ese mismo circuito de Suzuka una situación parecida en 1994: día lluvioso y la terrible circunstancia de chocar justo en donde Gianni Morbidelli lo había hecho unos instantes antes. Veinte años atrás, Brundle libró al tractor por centímetros. Esta vez Bianchi no tuvo la misma suerte.

 

 

La Fórmula 1, como ya dije, tiene irrebatibles argumentos al plantear cuánto ha elevado las condiciones de seguridad de sus participantes. Sin embargo, lo de este domingo tiene que generar todavía más cambios: tanto por el clima, como por el seguir corriendo cuando hay una grúa, con mecánicos incluidos, a unos metros de donde ruedan los neumáticos a máxima velocidad.

 

 

 

 

 

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