Cataluña, Escocia y los cantos

Alberto Lati

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Cada que el cronómetro del partido llega a los diecisiete minutos con catorce segundos, las gradas del Camp Nou claman, ¡In… inde… independència!, precisamente en ese instante en el que 17 y 14 aparecen pegados en el reloj del estadio y pueden leerse como 1714.

 

Con el mundo y el balón como testigos, la afición barcelonista efectúa toda una declaración política a partir de la conformación de esa efeméride.

 

1714 es visto como el año del sometimiento catalán al reino español…, o de su pérdida de libertades, o de su pérdida de privilegios, o del inicio de su marginación, según a qué fuente apelemos. Y once de septiembre, en específico, es la fecha marcada para la conmemoración de esta debacle, dado que ese día, exactamente tres siglos atrás, se suscitó la caída final de Barcelona a manos de las tropas de la recién proclamada monarquía hispana de los Borbones (el verdadero trasfondo, más que la situación catalana, era la Guerra de Sucesión al haber muerto un rey sin herederos).

 

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Como cada año, el Barça ha sido parte de la denominada “Diada”, desfile para colocar flores en el monumento de Rafael Casanova, quien encabezara la defensa catalana en el conflicto antes mencionado. Ahí estuvo el capitán Xavi portando un arreglo floral con el escudo blaugrana. Mucho más sorprendente que lo anterior, ha sido que en el videojuego FIFA 2015, lanzado esta semana, si se elige jugar como local en el Camp Nou sea posible escuchar ese grito de ¡In… inde… independència!; no al minuto diecisiete y mucho menos en la precisión del segundo catorce, pero sí en algún momento del videopartidito.

 

Más allá de ese descuido (o máximo realismo) del videojuego, en tan significativo aniversario y con la cantidad de actividad culturales que se organizan de momento en Cataluña para conmemorar ese tricentenario, el Barça ha decidido jugar su partido del sábado con la casaca conformada por los colores de la senyera o bandera catalana. Para ello ha necesitado apoyo de su rival, el Athletic de Bilbao, con cuyas tradicionales rayas rojiblancas podría confundirse el tercer uniforme barcelonista. El cuadro vasco ha encontrado la solución en también portar su camiseta alterna, que es, precisamente, la que se basa en la ikurriña o bandera vasca.

 

Y si en la liga española habrá un partido de liga con dos uniformes basados en ideales de independencia, en la Gran Bretaña no dan crédito al mal tino de haber programado un partido amistoso entre Escocia e Inglaterra para el 18 de noviembre de este año.

 

La próxima semana se efectuará el referéndum por la independencia escocesa, y con las encuestas por primera vez evidenciando que es posible la separación, aficionados ingleses cantaron en su cotejo contra Suiza del lunes: “¡Todos votamos que sí!”, precedido de fuertes insultos a Escocia.

 

Pase lo que pase en el referéndum, el amistoso tiende a ser todo menos eso. Los himnos, las aficiones, los clamores, los infaltables Stand up if you hate England! (¡Ponte de pie si odias a Inglaterra), en la más añeja rivalidad del futbol –su primer encuentro fue en 1872– denominado por los escoceses Auld Enemy o “vieja enemistad”.

 

Tiempos convulsos en Europa, evidenciados por ese micro-cosmos llamado futbol: cuanto pasa o puede pasar afuera del estadio, se refleja al interior del mismo.

 

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