Un debut en el que lo menos relevante ha sido el resultado del partido. Gibraltar cayó a manos de Polonia por siete goles, pero lo trascendente ha sido que por fin pudo participar en un cotejo oficial: nada menos que la eliminatoria rumbo a la Eurocopa de Francia 2016.

 

Esto ha sucedido 119 años después de que una federación de futbol fuera fundada en el peñón ubicado al sur de España y justo cuando a la UEFA no le quedó más opción que recibirla. Los gibraltareños lograron la membresía en virtud de que aplicaron por la misma en 1997, cuatro años antes de que una regulación de este organismo exigiera el representar a un país reconocido como estado independiente por la ONU.

 

No obstante eso aplica a Eurocopas, aunque de momento no a Mundiales: la FIFA no la ha integrado.

 

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Más allá de que España ha sido casi el único opositor a la medida, los ibéricos por ahora están tranquilos, ya que lo de Gibraltar no servirá como precedente para que catalanes o vascos se independicen futbolísticamente. Y la razón primordial es la mencionada arriba: que Gibraltar comenzó el trámite antes de que el estatuto de la UEFA exigiera a nuevos candidatos el ser un país independiente. Por dar otro ejemplo, Islas Feroe, pese a pertenecer a Dinamarca, se mantiene como miembro de UEFA por haber recibido la concesión muchos años antes de esa normativa; algo parecido podríamos decir en otros continentes sobre Islas Guadalupe (parte de Francia) que juega Copa de Oro, o incluso de Hong Kong que se elimina para Mundiales.

 

La disputa por Gibraltar tiene más de tres siglos de compleja historia. Cuando el rey de España Carlos II murió sin descendencia, media Europa peleó por imponer monarca en la península ibérica. Finalmente, la corona española recaló en un francés, Felipe V, pero en los tratados posteriores al conflicto (la denominada Paz de Utrecht), España cedió a los británicos ese pedazo de tierra al extremo sur. La salida inglesa al mediterráneo, aunque fuera desde tan pequeña roca, sería básica en su inmediato dominio de mares y construcción del mayor imperio del planeta.

 

Antes de la admisión por parte de UEFA, los gibraltareños ya habían sido reconocidos por federaciones internacionales como las de atletismo (IAAF), natación (FINA) y baloncesto (FIBA). Es un país de menos de 30 mil habitantes, cuya extensión apenas abarca seis kilómetros de largo por uno de ancho. En ese espacio mínimo hay un estadio de césped artificial y con aforo para cinco mil aficionados, circunstancias que obligan a la recién oficializada selección a actuar en el exilio, nada menos que en el sur de Portugal (es lo que les queda más cerca, considerando que la tensión con España imposibilita que los gibraltareños actúen como locales en algún escenario vecino como en Algeciras, Jerez o Cádiz).

 

Es el equipo 54 en la UEFA y el quinto “país deportivo” de la Gran Bretaña, tras las cuatro selecciones pioneras de este deporte: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

 

Con una selección semiprofesional conformada por policías, burócratas y bomberos, están destinados a coleccionar goleadas en esta eliminatoria. Más allá de eso, su debut tiende a generar numerosas presiones políticas no sólo de catalanes y vascos, sino también de Kosovo y Chipre del Norte.

 

 

Alberto Lati

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