Hace falta tener mucha pasión, para asumir una aventura futbolística tan diferente cuando se tiene garantizado trabajo en una de las ligas más importantes del planeta.

 

Hace falta tener demasiada curiosidad para someterse a los 55 años al choque cultural que supone para un occidental ser líder ante un colectivo de jóvenes japoneses.

 

Hace falta tener gran necesidad de generarse retos, de sentirse desafiado, de crecer, para cambiar completamente de contexto y ahí medir capacidad.

 

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Javier Aguirre había conseguido lo que ningún director técnico mexicano ha logrado jamás: consolidarse en el futbol europeo. No sólo fue el primero en recibir la oportunidad de dirigir en España, sino, también, el primero en quedarse. Sus cuatro temporadas en el Osasuna (2002-2006), seguidas por tres con Atlético de Madrid (2006-2009), reanudadas tras el Mundial 2010 con el Zaragoza (2010-2011) y el Espanyol (2012-2014), convirtieron al apodado “Vasco” en uno de los tres directores técnicos más constantes desde el año 2000 en la liga ibérica.

 

Trabajo en España, y en particular en el cuadro espanyolista, no le iba a faltar. Sin embargo, eso no le bastaba. Aguirre estaba consciente de que su rol tendía a limitarse a rescatar del descenso a su equipo y eventualmente meterlo a puestos europeos, tarea que había dejado de llenarlo.

 

Asumir el timón de la selección japonesa, de los Samurai Blue, con los que fue presentado este lunes, es una de las decisiones más valientes y ambiciosas que jamás haya tomado cualquier persona vinculada al deporte mexicano.

 

Acostumbrado a ciertos mecanismos de liderazgo y comunicación, el ex seleccionador tricolor llega a Japón obligado a aprender, a adaptarse, a integrarse: no es lo mismo tocar el corazón de once elementos nipones que de once mexicanos (como tampoco lo ha sido de once futbolistas provenientes de casi cada rincón del planeta, como a menudo le sucedió en España).

 

De entrada, deberá defender con éxito el título japonés en la Copa Asiática, a disputarse al inicio de 2015 en Australia. No obstante, la principal meta es por fin dar al balompié de esas islas, una identidad y trascendencia en Mundiales.

 

En vano lo han intentado estrategas con experiencia en medio mundo como el francés Philippe Troussier, personajes que suscitan idolatría en el futbol de este país como Zico, entrenadores tan destacados como Alberto Zaccheroni (ex DT de los tres grandes de Italia: Milán, Inter y Juventus).

 

Hasta bien entrada la década de los noventa, Japón soñaba con calificar a su primer Mundial. La eliminación de último minuto de Estados Unidos 94 supuso semejante trauma que la caricatura de los Súper Campeones repitió aquel fatídico partido eliminatorio, logrando remontarlo con gol de Oliver Atom. Desde entonces, Japón siempre se ha metido.

 

El futbol sigue siendo menos popular que el beisbol, aunque ganando terreno a cada instante: apenas en 2002, el deporte favorito del 60 % de los nipones era beisbol, contra menos del 25 % acaparado por el futbol. Hoy, la diferencia es de 48 a 36 %.

 

Aguirre ya protagonizó, en plena conferencia de prensa, su saga de Lost in Translation al puntualizar que no se llama Havieru Agile. Su carácter y carisma, le ayudarán a entrar muy bien a esta cultura.

 

Como le dije recientemente en algún diálogo en Brasil, la poderosa cultura mediática japonesa lo convertirá pronto en una especie de estrella pop. Él respondió como casi siempre que se le vea fuera de la tensión de la banca: con su amplísima sonrisa y un semblante en total balance entre humildad, pasión y convencimiento; características, éstas últimas, que lo han hecho único en nuestro país. Tanto, que cuando tenía puesto asegurado en España, ha aceptado someterse a una exigencia tan singular, tan lejos de su zona de confort, tan exigente de nuevos aprendizajes.

 

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