Mercado bursatil del balón

Alberto Lati

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El equipo que aparentemente pagaba lo que fuera por quien quisiera, el jeque que eludía toda respuesta negativa con un jugoso cheque, de pronto ha paralizado el mercado veraniego.

 

Como el Chelsea recién comprado por Roman Abramovich o el Manchester City de los primeros momentos de la familia real de Abu Dabi, el París Saint Germain pasó dos veranos desprendiéndose de los millones necesarios a fin de contratar al futbolista que le viniera en gana.

 

212 millones de euros fueron superados en fichajes para las temporadas 2011-12 y 2012-13: Zlatan Ibrahimovic, Thiago Silva, Ezequiel Lavezzi, Javier Pastore, Maxwell, Diego Lugano, Blaise Matuidi, Thiago Motta, Marco Verratti.

 

La cifra, por impactante que luzca, era inferior a la de los dos mencionados clubes en sus primeras dos campañas como nuevos-ricos: Abramovich derrochó 283 millones de euros en el Chelsea entre 2003 y 2005, al tiempo que Mansou bin-Zayed al-Nahyan destinó 234 millones al City de 2008 a 2010.

 

Un año después, ya en el verano de 2013, el uruguayo Edinson Cavani fue añadido a la colección parisina a cambio de 64 millones de euros: el desembolso no hallaba límite.

 

Comprobado que el PSG domina Francia con tranquilidad, pero sigue luchando por meterse a las rondas importantes de la Champions League, se pensó que el grupo Qatar Investment Authority (QIA), reventaría otra vez el mercado. Su mayor objeto del deseo era el crack argentino del Real Madrid, Ángel Di María, con todas las perspectivas favorables a la transacción: los merengues fichando elementos para la posición en la que se desenvuelve, un Mundial de Brasil 2014 que confirmó al rapidísimo ofensivo como uno de los mejores del planeta, la renuencia del Madrid a aumentarle el suelo y la voluntad del PSG de convertirlo en uno de los mejor pagados.

 

Antes de la Copa del Mundo, justo cuando Di María había sido el hombre más determinante de la final de la Champions League, se estimaba que saldría por unos cincuenta millones de euros. Semana a semana su valor se fue hinchando hasta llegar a especulaciones de que el Madrid sólo lo dejaría irse a cambio de ochenta millones… Y ahí estamos hoy: con el presidente de la entidad parisina declarando, para sorpresa general, que Di María “es demasiado caro y hemos detenido las negociaciones”.

 

Todo muy entendible, si no fuera porque ese comentario se dio en la presentación de David Luiz, defensor que costó nada menos que cincuenta millones de euros.

 

Entonces intentamos comprender, pero será en vano, por que en esto del balón todo precio y valor resultan relativos: ¿si un central estelar vale cincuenta, cuánto debe de valer un ofensivo estelar?

 

La respuesta puede llegar de lo pagado por el Barcelona a cambio de Luis Suárez (81 millones), por el Madrid por James Rodríguez (80 millones) o por el Chelsea por Diego Costa (40 millones).

 

james

 

Sin embargo, hay demasiadas variantes que definen el precio de un futbolista: primero, cuántos años le quedan de contrato (por ello Toni Kroos, quien se habría ido gratis del Bayern de quedarse otro año, “apenas” pasó de los 20 millones); segundo, la competencia que hay en su plantilla (si es fácilmente sustituible, es vendible); tercero, oferta y demanda en el mercado (¿hay muchos como Di María disponibles?); cuarto, valor mediático (lo que se traduce en incrementar ingresos por venta de parafernalia o televisión); y, quinto, qué tan contento está el crack en el club y en la ciudad.

 

Ecuación muy complicada que hasta antes de este día, parecía ajena al petromillonario PSG.

 

Al tiempo, el mercado se ha atascado con esa declaración: si Di María no va al París, Cavani entonces puede no pasar a Manchester United o a Liverpool, entonces otras fichas dejarán de moverse… E incluso el Madrid, con sobrecupo de talentos, podría ya no buscar más refuerzos como Radamel Falcao.

 

En el fondo, un tema medular: que el recién instaurado fairplay financiero del futbol europeo obliga a gastar menos de lo que se gana, tarea por demás complicada para grupos como el qatarí.

 

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