“Éramos muchos y parió la abuela”, parecían decir los rostros de Iker Casillas y Diego López en el primer entrenamiento compartido con el guardameta recién llegado al Real Madrid, Keylor Navas.

 

Suficientemente desgastante y tensa ya era la disputa de esa posición titular en el arco merengue, como para que encima de todo ahora sean tres los aspirantes a ella.

 

Si el Madrid compró al destacado seleccionado costarricense ha sido para que se quede, lo que de inmediato convirtió en obviedad que uno de sus dos rivales (¿o los dos?) se irá.

 

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Es peligroso el hábito de coleccionar porteros estelares; mucho más que el de aglutinar defensas o delanteros, por una sencilla razón: que sólo juega un guardameta; que no existe acomodo posible en la cancha para dos; que el concurso de uno depende en automático de la relegación del otro. Ya durante el ejercicio pasado, Carlo Ancelotti remedió su decisión de apostar por López para la liga, recurriendo a Casillas para Copa del Rey y Champions League (con tan peculiar desenlace que los madridistas levantaron precisamente esos dos trofeos).

 

En todo caso, desde la pasada final de la propia Liga de Campeones, Casillas se ha visto innegablemente mal, noción que se reforzó en sus dos actuaciones mundialistas (la goleada con Holanda en el debut y la despedida matemática ante Chile). Las que se vieran como manos más seguras del planeta, el que fuera hombre más sereno entre los tres postes, el que resultara personaje más indiscutido de la selección más exitosa de las últimas décadas, de pronto luce falto de certezas, duda a cada balón, cambia el semblante de garantía por un ceño fruncido. Acaso el tener que demostrar su calidad tras tantísimos éxitos, ha sido una pesada carga para quien desde la adolescencia fue capaz de imponer su nombre como el primero en la alineación del Real Madrid.

 

Pese a que el tema se ha complicado demasiado, lo sensato es que Casillas (elegido por encima de López para quedarse en virtud de lo que costaría finiquitar su elevado contrato) ocupe la portería blanca. Así será, al menos, la próxima semana en la disputa del primer título del ejercicio, que es la Supercopa europea. No obstante, las palabras de Ancelotti en ese sentido, elevan las dudas: “Casillas jugará la final de la Supercopa ante el Sevilla. Luego, ya veremos”. Código para entender que: primero, a Diego se le busca acomodo; segundo, todavía no hay titular definitivo; tercero, Keylor no es considerado meramente para la banca; cuarto, Iker tendrá que demostrar que ha superado tan doloroso bache.

 

Al tiempo, el Barcelona ha contratado a dos porteros (el chileno Claudio Bravo y el alemán Ter Stegen) y el Bayern Múnich ha fichado a Pepe Reina para acompañar a Manuel Neuer, pero ahí no habrá semejante polarización. En el caso blaugrana, porque es un nuevo inicio con una pelea recién nacida por la titularidad. En el bávaro, porque Reina sabe que arriba para ser sustituto de Neuer.

 

Al tiempo, en la meta del Madrid ya hay demasiado debate desde que José Mourinho mandara a Casillas a la banca (pregunta todavía inevitable: ¿porque lo vio venir a menos lo hizo suplente o el ser suplente le hizo venir a menos?).

 

Dos ya eran muchos y ahora son tres. Tal como si en plena aglomeración hubiera parido la abuela.

 

Alberto Lati

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