Pretemporada en temporada

Alberto Lati

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Tan peculiar suele ser la calendarización del futbol mexicano que a nadie parece sorprender que algunos de nuestros equipos disputen partidos amistosos contra rivales europeos en fase de formación, al tiempo que el torneo nacional está en desarrollo (e incluso a costa de posponer compromisos del propio Apertura 2014).

 

El Guadalajara enfrentó al Swansea a dos días del arranque del certamen liguero, así como lo hará con Bayern Múnich en la fecha que, en teoría, se jugaría la jornada 3 ante la U. de G. Ya en pleno seis de agosto, el Rebaño volverá a canchas estadounidenses ahora para medirse al AC Milán.

 

¿Ideal para un equipo urgido de puntos a fin de no complicarse todavía más en la tabla porcentual? Como no nos refiramos al lado económico, importante siempre pero prioritario jamás, no: no es lo ideal.

 

Más adecuado parece el compromiso marcado por el América al recibir al Atlético de Madrid en el Estadio Azteca a mitad de la próxima semana: porque no interfiere con el calendario, porque no implica un viaje adicional, porque no choca con ningún plan oficial águila, y porque además implica una presentación a lo grande en casa.

 

El bicampeón León, por su parte, viajará a Barcelona entre las jornadas 5 y 6, para visitar a los blaugranas en el trofeo veraniego Joan Gamper.

 

Con la moda de las pretemporadas europeas por Estados Unidos, se sobreentiende que para efectos de ingresos y llenar estadios, los clubes mexicanos son los sparrings perfectos: no sólo se convoca al aficionado que desea ver de cerca a los gigantes de Inglaterra, Italia, España, Alemania (y los patrocinadores futboleros que buscan penetrar el mercado estadounidense), sino que además se aprovecha el inmenso peso que tienen los cuadros de la Liga Mx por parte de la comunidad hispana en la Unión Americana.

 

Lo anterior luce de maravilla, pues así pueden llegar a amortizarse mayores proyectos para nuestro balompié, al tiempo que se incrementan el roce y la exposición ante cuadros de ese nivel.

 

Sin embargo, el problema son los tiempos, tema entorpecido por la necedad de seguir jugando en nuestro país dos liguillas al año, lo que representa dos meses adicionales de competencia; de ahí que la Liga Mx deba arrancar a una semana de cerrarse el Mundial y no en agosto como las europeas, generando plazos y fechas al margen del epicentro del balón.

 

Claro, las liguillas son otra mina de oro de las cuales no se quiere prescindir, pero ha llegado ocasión de que el futbol mexicano apueste por alguna de las oportunidades económicas y no persiga todas, porque terminamos así: poniendo parches al torneo nacional, con las Chivas posando ante el Bayern en vez de concentrarse en jugarse la vida, y viendo a nuestros equipos en plena pretemporada cuando ya ha comenzado nuestra temporada.

 

Absurdo por donde se le busque, aunque, a estas alturas, nada que deba sorprender.

 

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