Paternidades sudamericanas y ecos alemanes

Alberto Lati

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Ipanema amaneció tan exhausta como Copacabana resacosa. Aficionados y uniformes por doquier, los primeros casi afónicos en un urgente pacto de ya no cantar, los segundos suplicando detergente, como si sobre el césped cada aficionado hubiese sido uno de los veintidós elegidos que disputaron el trofeo más deseado del planeta.

 

Veinticuatro horas habían pasado desde el silbatazo final en Maracaná, aunque los aires cariocas no lograban suprimir esa tonada que durante semanas se convirtió en algo más que el himno extraoficial del Mundial.

 

Los argentinos insistieron a lo largo del torneo en convertir en su rival directo a una selección a la que nunca se enfrentarían en la cancha. Más que los clásicos, “Volveremos, volveremos. Volveremos otra vez. Volveremos a ser campeones, como en el 86” o “Vamos, vamos, Argentina. Vamos, vamos, a ganar. Que esta banda quilombera, no te deja, no te deja de alentar”, el grito albiceleste de batalla fue siempre dirigido al anfitrión: “Brasil, decime qué se siente, tener en casa a tu papá. Te juro que aunque pasen los años, nunca nos vamos a olvidar. Que el Diego te gambeteó, que Cani te vacunó, que estás llorando desde Italia hasta hoy. A Messi vas a ver, la Copa nos va a traer. Maradona es más grande que Pelé”.

 

Por mucho que durante los días previos se insistió que los brasileños, dolidos por la goleada ante Alemania en semifinales, apoyarían a sus vecinos sudamericanos, en la práctica pasó lo que tenía que pasar: que rodando la pelota, la abrumadora mayoría de los locales deseaba fervorosamente la coronación teutona. Y más si se considera que en cada argentino había, además del pegajoso cántico, una seña de siete dedos alusivos a los goles encajados por la verdeamarela.

 

Fue cuestión de que Mario Götze metiera el tanto de la victoria alemana para que se hiciera viral el remake brasileño: “Argentina, decime qué se siente, al ver cinco estrellas brillar. Te juro que aunque pasen los años, nunca nos van a alcanzar. Cinco copas tengo y sin trampear, mi papá no se dopó para jugar. Una cosa digo yo, para que no se le olvide más, Pelé tiene más copas que usted”.

 

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Es en plena estela del torneo en donde resulta imprescindible una reflexión, más que del cántico y sus versiones, sobre lo que hay detrás del nuevo monarca del balón. Por casualidad se pueden ganar partidos y cosechar rachas, pero de ninguna forma producir tan brillante generación de talentos como ha conseguido Alemania.

 

Mientras que los túneles de los vestuarios de Maracaná recibían ecos de los festejos germanos y veían desfilar descalzo a un Lionel Messi con gesto de ausencia, conversé con el director de selecciones alemanas, Oliver Bierhoff. “Nuestra alegría es más grande porque hemos trabajado en este proyecto al menos durante diez años. Se cambió la forma de entrenar a las promesas, se dieron estructuras comunes, se unificaron criterios… Somos alemanes, sabemos poner orden, disciplina”.

 

El ex goleador reía de sus estereotipadas últimas palabras, cuando repliqué: “Aunque es evidente que aun siendo alemanes, han cambiado la cara a su equipo, la forma de jugar…”. Y concedió, proporcionándome una razón: “Sí… Porque además estamos enriquecidos por jugadores de diferentes procedencias que dan toques distintos a la selección, que contagian otras nociones”.

 

Es curioso que recién había pasado por las celebraciones en el vestuario germano la canciller Angela Merkel, quien tres años atrás declarara: “Este enfoque ha fracasado por completo. La idea de que nos volveríamos una sociedad multicultural, y de que viviríamos contentos unos junto a otros, fracasó. Tienen que hacer más para integrarse y asumir cultura y valores alemanes”. Muy curioso porque en el futbol, mucho antes que en la sociedad, ha triunfado. Y el triunfo fue, además, el primero a nivel mundial de la Alemania reunificada.

 

Mientras argentinos y brasileños pasarán los próximos cuatro años reivindicando y reclamando paternidad (lástima que la única prueba posible de ADN era una final entre ellos dos), los alemanes seguirán a lo suyo, que es trabajar. No en vano, están en la cima. Fueron los mejores de Brasil 2014, son los mejores del momento. Que nadie lo dude.

 

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