En pocos días el dirigente nacional del PRD, Jesús Zambrano, ha acumulado cuando menos dos severas derrotas políticas:

 

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1.- El ejercicio del peor de los autoritarismos estalinistas de la vieja izquierda al amenazar a senadores perredistas con el infierno si votaban a favor de las reformas a las leyes secundarias en telecomunicaciones que esos legisladores habían ayudado a modificar, pero a costa de disminuir su autoridad política como líder.

 
2.- La aprobación para que los diputados perredistas votaran individualmente a favor o en contra de la minuta enviada por el Senado y dejaran a un lado la instrucción anterior de votar en bloque y en contra de las reformas, lo que ya provocó duras críticas de senadores que antes fueron obligados por Zambrano a votar por consigna.

 
Ello llevó a tres efectos políticos que cimbraron al PRD:

 
1.- La fractura del liderazgo de Jesús Zambrano y de Los Chuchos porque la votación y las quejas contaminaron el proceso de elección del sucesor en la dirección del partido. El PRD percibió el agotamiento del modelo de liderazgo de Los Chuchos.

 
2.- El regreso del autoritarismo político al estilo del viejo Partido Comunista Mexicano por la restauración del modelo estalinista de politburó como autoridad superior y autoritaria de poder en el partido. Zambrano pareció convertir al consejo nacional en ese temido politburó de reminiscencias soviéticas.

 
3.- Las contradicciones de Zambrano -voto en bloque en Senado y libre en diputados- llevaron a la duda de qué tipo de partido será el PRD: opositor en absoluto o negociador de consensos, y al temor de que la sucesión de líder en el partido se resuelva para mantener control autoritario.

 
Aunque está formado por políticos que salieron del PRI o por grupos afines con comportamientos priistas, nunca como hoy el PRD se vio a imagen y semejanza del PRI: el partido de la línea política, de la instrucción, de la sumisión vertical. Y lo peor que le puede pasar al PRD, dicen desde dentro, es que sea una mezcla del PRI de la línea y del PCM del politburó del centralismo leninista muy cercano al modelo de control político de Corea del Norte.

 
El problema del PRD -uno entre muchos- radica en su conformación fragmentada, sin liderazgos homogéneos; el modelo de corrientes de opinión derivó en una organización tribal de grupos parciales sin que el partido tuviera alguna propuesta orgánica de unidad. El PRD es un archipiélago de intereses donde domina el que más islas tenga bajo su control. Sin ideas políticas, sin proyecto ideológico, el PRD se enfila hacia un partido controlado por el nuevo politburó tipo soviético.

 
Los senadores dieron una imagen patética de los nuevos estilos de control en el PRD: en comisiones votaron a favor de reformas y contribuyeron a muchas de ellas, pero en la plenaria fueron obligados, bajo amenaza de afectar su carrera política, a votar en contra. El discurso final del líder de la bancada Miguel Barbosa en la plenaria no pudo haber sido más dramático: hablar de ejercicio democrático pero avalar la imposición del politburó perredista.

 
La crisis en los funcionamientos internos del PRD no pudo haber llegado en peor momento: el enfilamiento del partido hacia la elección de nuevos dirigentes; y el papel del líder Zambrano tampoco abonó a preparar a los perredistas para una elección abierta. El candidato de Los Chuchos no será otro que el que mantenga la continuidad del control autoritario de perredistas en cargos de elección popular y de un partido dominado por el politburó.

 
Al final: una cosa es que Zambrano se hubiera forjado en esa cultura autoritaria del viejo Partido Comunista y otra que el PRD termine como una copia del PRI de la línea política.