Donetsk y su club Shakhtar

Alberto Lati

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Alguna vez visto como salvador del futbol ucraniano, Rinat Leonidovych Akhmetov ahora es considerado como posible salvación de una Ucrania camino a ser deglutida por Rusia.

 

Mientras que su equipo, el Shakhtar, levantaba este fin de semana su noveno título de liga en trece años y está por disputar la final de copa que ha ganado durante las tres ediciones anteriores, Akhmetov era acusado de haberse reunido con Vladimir Putin y de financiar a las fuerzas que pretenden escindir a Donetsk. Tales aseveraciones fueron desmentidas por el propio oligarca, quien se pronunció por buscar un esquema que mantenga a Ucrania unida.

 

¿Cuánto poder económico tiene? Forbes lo clasificó recientemente como uno de los cien hombres más ricos del mundo, con una fortuna cercana a los doce mil millones de dólares.

 

Sin embargo, su capital no se limita a su capacidad financiera en una región que lo ve como una especie de patriarca y con los 300 mil fieles empleados que, afirma en público, lo respaldarían ante toda circunstancia o decisión.

 

Hace siglo y medio, Donetsk no existía. Su historia comenzó cuando fueron detectados amplios yacimientos de carbón, en torno a los que se erigió la mayor infraestructura metalúrgica de Ucrania.

 

La localidad fue conformada rápidamente por mineros y obreros movilizados desde diversos puntos de la URSS (muchos desde Rusia). Por ello su equipo de futbol, plataforma que después daría celebridad internacional a Akhmetov, se llama Shakhtar (traducible como “mina”) y su afición es apodada Gyrnyky (“mineros”). Tanto el padre como el hermano mayor de Akhmetov trabajaron en las minas, algo común a casi toda la población de este sitio.

 

Él supo sacar tajada de la transición de comunismo a capitalismo y erigir en tiempo récord su fortuna, por siempre bajo sospechas (nunca confirmadas) de ilegalidades y vínculos con la mafia.

 

Así como se asegura que patrocina a candidatos de todo nivel (tenía especial cercanía respecto al depuesto presidente Victor Yanukovych), este magnate es adorado en las calles; su fundación destina cientos de millones de dólares para desarrollar infraestructuras, programas de salud y causas humanitarias (de hecho, es el mayor filántropo de Ucrania).

 

Se estima que cada verano autoriza un presupuesto de cien millones de dólares para nuevas contrataciones del Shakhtar, con lo que el total de su desembolso ya se acerca a los mil millones. Además, ha construido el estadio más futurista de la región y unas de las mejores instalaciones del continente para desarrollar nuevos talentos. Cuando su Shakhtar ganó la Copa UEFA en 2009, pagó una prima de 500 mil dólares a cada jugador (quizá eso explique la forma en

 

que fue cargado por los futbolistas durante los festejos). Más allá de eso, nunca se pensó que un club post-soviético podría disputar a los gigantes de España o Inglaterra el fichaje de talentos brasileños, algo posibilitado por los millones de Rinat.

 

La anexión de Crimea por parte de Rusia coincidió con el mayor clásico ucraniano, protagonizado por Dynamo de Kiev y Shakhtar. Lo curioso fue que después del partido, ultras de los dos equipos se unieron en las masivas manifestaciones exigiendo que Donetsk no sea sometida a un plebiscito para continuar o separarse de Ucrania.

 

La rivalidad entre Dynamo y Shakhtar tiene que ver con el choque entre el rico venido a menos (el Dynamo fue por el mejor equipo de la Unión Soviética) y el nuevo rico (antes de los millones de Akhmetov, apenas tuvo brillo el Shakhtar), pero también con la confrontación entre dos Ucranias: la capitalina aferrada a la independencia y la del este predominantemente ruso-parlante. Ese estereotipo, sin embargo, fue rebatido elocuentemente por los aficionados del Shakhtar hermanados a los del Dynamo en contra de la secesión.

 

Este jueves, Dynamo y Shakhtar jugarán la final de copa más tensa. Por razones obvias, será sin aficionados en las gradas y no en la ciudad d Kharkiv, como estaba programado, sino 150 kilómetros al oeste, en Poltava.

 

Más allá del resultado o de los eventuales fichajes millonarios del Shakhtar, los ucranianos estarán esperando se defina la postura de Rinat Leonidovych ante tan volátil momento: él, alguna vez salvador del futbol ucraniano, puede salvar también a Ucrania… O acercarla aún más a Rusia.

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