Un diálogo que a veinte meses de distancia, amerita ser retomado.

 

Michael Phelps, el olímpico más laureado de la historia, ha anunciado que volverá a competir sin quedar claro todavía (acaso ni siquiera en su mente) si llegará hasta Río de Janeiro 2016.

 

Esa mañana de domingo, unas horas después de su última competencia en Londres 2012 y de haber dejado su marca de medallas en 18 oros y 22 totales, Michael Phelps me explicaba:

 

-Estoy un poco confundido. No estoy seguro de poder explicar lo que siento. Pero es un buen sentimiento el poder repasar mi carrera y saber que pude obtener todo lo que tuve como meta, es algo que celebraré por siempre, poder retirarme exactamente como quería y acabar mi carrera tal como quería, no podía tener nada mejor que eso.

 

-Pero todavía podías seguir compitiendo, ¿por qué dejarlo, por qué no ir a los Olímpicos de Río, por qué no seguir nadando?

 

-Creo que llega un punto en tu carrera en que sientes el tiempo, supongo que simplemente sientes que llega el momento perfecto para retirarte, no me veía compitiendo dentro de cuatro años y nunca me interesó seguir más allá de los treinta años, hice todo lo que quería y sólo eso basta, poder revisar mi carrera y estar orgulloso de todo lo conseguido.

 

-Y ahora tu vida realmente cambiará…

 

-Sí, y no estoy seguro de qué es lo que haré desde ahora o qué esperar, pero me motiva mucho entrar al siguiente capítulo en mi vida… Es raro, porque nunca vi mis medallas como una colección, y probablemente ahora las veré todas colocadas juntas y podré reflexionar sobre todo lo que sucedió.

 

-¿Algo en particular que vayas a extrañar?

 

-No sé todavía, supongo que mi vida estuvo tan estructurada por tanto tiempo, hubo una estructura fija en mi vida por veinte años… Despertarme temprano, irme a la piscina, tomar una siesta, comer, trabajar de nuevo, regresar y dormir, será raro acostumbrarme al principio pero me emociona hacerlo.

 

Por donde busquemos en sus palabras, abundaba la incertidumbre ante tiempos tan diferentes y enigmáticos por venir. ¿Qué hacer? ¿Qué emprender? ¿En qué entretenerse? ¿Con qué retarse? Demasiadas preguntas para un muchacho de escasos 27 años, pero ya cerrando un período en su vida, un ciclo para el que fue formado desde que se detectó su talento a primera edad.

 

Ahora parece que la tentación de volverlo a intentar le está ganando. Así como en su momento a Pelé, y a Michael Schumacher, y a Diego Armando Maradona, y a Michael Jordan, y al ya mancillado Lance Armstrong, no parece poder con la carga de renunciar a la competencia.

 

Si decide seguir hasta Río 2016, será maravilloso, pero sobre todo difícil. Difícil por la edad de los rivales. Más difícil por la perfección a la que nos acostumbró y se acostumbró.

Alberto Lati

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