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Estúpida América, recuerda a aquel chicano

que triunfó en matemáticas y en inglés
él es el Picasso de tus estados del oeste
aunque muera con mil obras maestras
colgando sólo en su cerebro”.

Stupid America, Abelardo Delgado

La década de los 60 significó para el pueblo chicano de Los Ángeles, en Estados Unidos, un parteaguas en el camino de su reivindicación contra la discriminación y la opresión (prácticas que todavía permean en la región). En ese contexto e inspirados por el movimiento de los derechos civiles y de la lucha de los trabajadores y estudiantes, algunos jóvenes encontraron en el arte un medio para decir “esto somos, aquí estamos”. Uno de ellos —luego de pasar por las aulas— se lanzó a las calles para pintar una leyenda que hoy día es conocida en todo el orbe.

El nombre de este joven pionero en el grafiti, mucho antes de que éste fuera reconocido en Nueva York y Filadelfia, es Charles Bojórquez (apodado en algún tiempo Charlie Chingazo y reconocido simplemente como Chaz Bojórquez), quien en su arte conjugó la herencia de los pachucos —zoot suit— de los años 30 y 40, con la naciente identidad chicana y la estética del cholo. Todo ello estilizado con la caligrafía asiática que estudió con el mentor Yun Chung Chiang —quien a su vez se instruyó con Pu Ju, hermano del último emperador de China-.

Un día de 1969, los muros de Califas recibieron a un nuevo inquilino: una calavera con los dedos cruzados que portaba un sombrero y una gabardina: el Señor Suerte, símbolo o tag distintivo de Bojórquez, que en aquellos días tenía 20 años. “Vengo de una época de movimientos en los 50. Pasé por momentos difíciles para definir mi identidad cuando tenía alrededor de 18 años. Yo era un chicano, pero no lo sabía. No me adapté a la cultura americana”, asegura con un spanglish característico en una entrevista consultada.

Para diseñar su Señor Suerte, Chaz utilizó elementos distintivos de su época: la calavera por su herencia mexicana relacionada al Día de Muertos y los dedos cruzados por una ilustración de papelillos —zig-zag— que utilizaban los hippies para fumar tabaco o mariguana: «esa es la razón de que empezara mi tag, para incluir mi era, mi cultura y mi identidad. Mi estilo es así porque quiero demostrar el orgullo de donde vengo, de mi comunidad… así que tome la fuerza del cholo y el espíritu de la escritura asiática». Con el tiempo, Señor Suerte se convirtió en una de las imágenes más reconocidas y representativas de la estética callejera angelina y del mismo Chaz.

LAS RAÍCES

Bojórquez nació en 1949 en Los Ángeles, cuando la identidad chicana o lo chicano (término reconocido en 2001 por la Real Academia Española y que, según la institución, se refiere a los ciudadanos de Estados Unidos de la «minoría de origen mexicano allí existente») todavía no se acuerpaba en la autoafirmación. Este proceso vendría más tarde, en los 70, con un movimiento cultural y político encabezado por los activistas César Chávez, Reies López Tijerina, Dolores Huerta y Rodolfo Gorky Gonzales, entre otros, quienes, junto a los jóvenes, defendieron los derechos de los trabajadores agrícolas y encararon la discriminación y la guerra de Vietnam.

En el terreno cultural, la corriente generó desde sus adentros propuestas innovadoras como el Teatro Campesino —herramienta propagandística de la United Farm Workers (UFW), fundada por Cesar Chávez—. En tanto, académicos chicanos del campus de Berkeley de la universidad estatal fundaron la editorial Quinto Sol Publicaciones, y editaron el primer periódico de literatura chicana: El Grito. Por su parte, la poesía tuvo en la pieza Stupid America, de Abelardo Delgado, un epítome del sentir del movimiento, mientras que en el arte floreció el muralismo barrial y la gráfica de Rupert García, Carlos Almaraz, Amalia Mesa Bains y Yolanda López, entre otras figuras.

En 1966 Chaz se trasladó a Guadalajara, al occidente de México, para estudiar escultura y cerámica. Posteriormente cursó estudios en la Universidad Estatal de California y en la Escuela de Arte Chouinard (hoy conocida como Cal Arts), entre otros institutos. Con el intelecto lleno de arte, matemáticas y caligrafía, se dedicó a plasmar, con brochas o aerosoles, un universo urbano que lo mismo incluía una placa de una pandilla, apodos, nombres o calaveras, cuyo estilo único se caracterizaba por la fineza de sus líneas. Todo ello en concordancia con el naciente estilo de escritura chola, la cual, según el propio Bojórquez, nació en los 40 con los pachucos.

“En el grafiti tú no pides permiso, pides perdón. El grafiti se valora a sí mismo. No necesitamos galerías o museos. Es algo que viene de nuestras almas para decirnos qué es el arte… Yo tengo un gran apoyo, no de una academia; sino de los que escriben de grafiti en todo el mundo… ¿Qué es grafiti? Hay tatuajes, piercing, hot rod, pin striping, arte surf…. así que es un movimiento cultural de la juventud. Si hablamos de la cultura es hablar de la juventud: 60 por ciento de la población en el mundo está por debajo de los 30 años. El futuro del grafiti está en los jóvenes”, sostiene un Chaz relajado y amistoso en una charla con el portal The City Loves You (TCLY).

LA BÚSQUEDA

A finales de la década de los 70, Charlie Chingazo dejó de pintar en las calles del este de Los Ángeles y se lanzó a un viaje de tres años a través de 35 países. La misión era aprender: caligrafía, modos de vivir, arte… en fin, la cultura de otros pueblos. Caminante, el artista se renovó y su arte, ahora en los lienzos, adquirió una profundidad mayúscula, reflejando así un cuestionamiento filosófico sobre el propósito mismo de pintar; sobre la historia; la identidad, y la unidad, entre otros tópicos. Una producción poderosa y altamente reflexiva, llena de códigos, color y alegorías.

Quizá, una de sus obras más representativas de lo anterior es su Graffiti Mandala: collage que incluye las cinco mayores influencias del grafiti angelino según Bojórquez: cultura de los autos (lowrider y hot rod); cultura latina, agrupada en las cuatro direcciones del viento: grafiti de las pandillas cholas, arte chicano, murales y la antigua Aztlán; era de los medios electrónicos: cultura de Hollywood, filmes, caricaturas, música, entre otros símbolos. Asimismo incluye la cultura del surf y la denominada tribal, además de los ocho crews más influyentes en el grafiti de Los Ángeles, entre otras referencias. En suma, todo un universo artístico y cultural con Chaz al centro.

El arte de Bojórquez dio la vuelta al mundo. A la fecha tiene colecciones en más de 20 museos y universidades, además de las cientos de exposiciones que ha realizado en las más prestigiadas salas. Apenas en 2011, el artista visitó México para mostrar su trabajo en el Centro Cultural de España. Chaz sigue produciendo y da cuenta de ello en sus redes sociales. Un artista vivo que todavía se la rifa en los andamios para trazar su exquisita caligrafía. Vale la pena revisar —ahora que el arte urbano goza de buen salud— la obra y trayectoria de un joven de 64 años que mediante la creación explora tres temas fundamentales para cualquier ser humano: identidad, arraigo y búsqueda como reconocimiento.


«En el grafiti tú no pides permiso, pides perdón. El grafiti se valora a sí mismo. No necesitamos galerías o museos. Es algo que viene de nuestras almas para decirnos qué es el arte…»

 

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