Guardado y el futbol de fábrica

Alberto Lati

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                  La primera confusión al referirnos a este cuadro llega por una letra: no es lo mismo Bayern que Bayer. El más célebre alude a la región de Baviera (Bayern en alemán) de la cual es capital Múnich; el otro, a la farmacéutica que se hizo célebre por la aspirina.

 

El asunto es que el club al que emigra Andrés Guardado, es el segundo de estos (posición que, de momento, también aplica a la tabla de la Bundesliga, donde es sublíder detrás del conjunto muniqués). Un equipo, el Bayer Leverkusen, con detalles muy particulares desde su nacimiento mismo.

 

Surgido como otras instituciones deportivas como iniciativa para acercar a los empleados de la farmacéutica al acondicionamiento físico, el Bayer no pasa de cuatro décadas desde que tocó por primera vez la máxima categoría del balompié teutón. Tradición que, no obstante, es casi tan añeja como el de la localidad misma.

 

La a la fecha pequeñísima Leverkusen, cuyo nombre viene del químico Carl Leverkus que trabajo ahí, fue fundada en pleno siglo veinte, cuando la fábrica original ya había sido adoptada por la Bayer. El deporte tuvo un rol medular para la integración de quienes arribaban de cada rincón de Alemania para mano de obra en este sitio, tal como lo tendría el club Sochaux con la automotriz Peugeot, el PSV Eindhoven con Philips, el Wolfsburg con la Wolkswagen, o en su momento el Asenal con los empleados de la fábrica de municiones del sureste londinense.

 

De hecho, si la selección francesa acudió al Mundial de Uruguay 30, fue en buena medida por el amor al futbol del dueño de la Peugeot. De otra forma, ¿quién permitiría a un empleado dejar vacante su puesto laboral por varias semanas para irse a jugar futbol al otro continente?

 

El Bayer Leverkusen creció lento. Demoró más que las entidades similares en independizarse de su empresa (es decir, que por mucho tiempo seguían alineando puros obreros, quienes apenas entrenaban cuando se los permitía su asignación del día). Finalmente, la tardía profesionalización se dio y surgió un equipo cada vez más competitivo.

 

Sin el presupuesto de su casi tocayo, Bayern; sin los alcances en materia de mercadotecnia de sus casi vecinos, Colonia, Borussia Dortmund o Schalke 04; sin una tradición futbolera tan consolidada como el común de quienes disputan la Bundesliga… Pero con buenas decisiones en la detección de talentos luego vendidos mucho más caros a los gigantes (Michael Ballack, Dimitar Berbatov, Hans-Joerg Butt, y una multitud de mundialistas brasileños como Emerson, Jorginho, Lucio, Ze Roberto y Paulo Sergio).

 

Quien juega en el Bayer, inevitablemente vive integrado a la cultura de la Bayer, dado que acaso los principales atractivos de la ciudad son la farmacéutica y el estadio Bay Arena.

 

Remanente de una época en la que las factorías buscaban hallar en su equipo de futbol una cohesión que incidiera en mayor productividad (de paso cumpliendo con la patria, al forjar eventuales soldados más fuertes y sanos), el Bayer es un buen destino para Andrés Guardado.

 

Lo esperan, como desafío, una liga más muscular, y un equipo muy integrado en el que no será fácil convertirse en titular.

 

Brasil 2014 es su meta y vía Leverkusen, con su futbol de fábrica, intenta meterse en la lista de Miguel Herrera, sitio donde un año atrás parecía poseer un lugar garantizado.

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