Misma historia, enésimo capítulo.

 

Ángel Reyna atraviesa ahora en el club Veracruz por algo que ya vivió en prácticamente todos los sitios en los que estuvo: el conflicto, la indisciplina, lo extra-cancha eclipsando (o desapareciendo) lo de la cancha.

 

Apenas seis meses atrás, en este espacio elogiábamos el sensacional inicio del volante ofensivo en el conjunto jarocho: “Próximo a cumplir 29 años, bien sabe que su consolidación en selección, ya de por sí pospuesta y tardía, no puede esperar más. En sólo tres partidos de liga con Veracruz ha sido líder, ha cargado con el equipo, ha encontrado la portería rival en siete ocasiones, ha dado inéditas señas de paz. Su gran momento coincide con la gran necesidad ofensiva en el Tri. Coincidencia que resultaría idónea de no ser por los antecedentes y las inevitablemente bien sustentadas dudas. ¿Madurez genuina o momentánea? ¿Estabilidad definitiva? ¿Merecida oportunidad?”.

 

Transcurrido apenas medio año, Reyna ha abierto el nuevo certamen de forma diametralmente opuesta. Su director técnico Juan Antonio Luna prescindió de sus servicios y declaró: “…pregúntenselo a Reyna. Es como si vas a tu trabajo y les dices que no quieres trabajar, ¿qué haces? (…) El que no quiera estar, a fuerza ni los zapatos…”.

 

Palabras muy parecidas a las que pudieron pronunciarse cuando pasó por San Luis, América, Monterrey, Pachuca, o sus diferentes etapas en la selección: primero mostrar el gran talento y la renovada responsabilidad asumida, para después desechar todo (empezando por el futbol que sin duda tiene), volviendo al conflicto como inevitable hogar.

 

Absurdo como casi todo en su carrera, el propio Ángel había adelantado a los medios su suplencia con estas palabras: “No tengo preocupaciones de nada, es una decisión que yo tomé el estar en la banca y no pasa nada, ahora me toca apoyar al grupo desde ahí”.

 

Lo de Reyna sería por demás irrelevante (y empieza a serlo) si no contara con semejantes condiciones para jugar: su creatividad, desequilibrio, cambio de ritmo, son características que no aparecen a menudo en nuestros futbolistas. El problema es a qué costo, en un historial que incluye pleitos y desencuentros con compañeros y rivales, con entrenadores y directivos, con declaraciones incendiarias, con indisciplinas.

 

Su discurso en Veracruz, salpicado de nociones de renacimiento religioso, pretendía proyectar nociones diferentes. Hoy se sabe cuánto crédito se puede dar a la nueva faceta que el ex americanista deseaba lanzar. Hoy, cuando el Veracruz que le dio una enésima oportunidad, tanto lo necesita. Hoy, cuando es año de Mundial y nadie piensa (o pocos) que su nombre tenga alguna perspectiva de meterse a lista alguna del Tri.

 

¿Ahora qué? Seguramente volverá a jugar, en algún punto mostrará algo de lo que tiene, insinuará que aprendió, agarrará otro equipo, abrirá con ilusión, y volverá a repetir el ciclo completo. En resumen, la nada. Más de lo mismo.

 

Alberto Lati

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