Tan relevante como una final, tan temido como una serie de penales, tan esperado como la jugada que define un campeonato… Y es que lo que sucederá este viernes en Costa de Sauipe, Brasil, es desde su quietud y lejanía respecto a la cancha, uno de los momentos futbolísticos del año.

 

¿Por qué damos semejante preponderancia al sorteo de grupos? ¿Acaso es exclusivo del carácter mexicano colgar de él tantas ilusiones o frustraciones? La realidad es que el modelo del sorteo que maneja la FIFA a seis meses de cada Mundial, es muy parecido al modelo mismo de este deporte: azar, circunstancias, incógnitas, no sólo pensar en lo que eres capaz de hacer sino además en lo que el rival es capaz de hacerte (o más todavía en lo del rival que en lo propio)… Y también injusticia, que es parte de esto.

 

Por temperamento, los pueblos latinos somos más proclives a recargar una buena porción de las esperanzas en algo de este tipo que en el desempeño mismo. Quiero decir, que más confianza suscita a muchos aficionados el recibir la gracia de un grupo accesible, que el nivel que pueda alcanzar nuestra selección. Lo anterior de ninguna forma significa que en otras culturas el sorteo carezca de importancia. He visto lo mismo a alemanes, que a japoneses, que a sudafricanos, festejar o lamentar lo que las manos santas (o malditas, según) determinaron.

 

En todo caso, la importancia de este proceso de sacar papelitos de bolitas y acomodar países de grupo en grupo, incrementó exponencialmente cuando el Mundial subió a 32 participantes en Francia 98, y dejó de ser posible meterse a octavos de final como tercer lugar (condición, eso de clasificar a los mejores terceros lugares, que siempre dio consuelo a México, pero bajo la cual nunca avanzó nuestra selección).

 

Si el Tri genuinamente sueña con ese quinto partido o con una actuación memorable, es momento de dejar de aferrarse a justificaciones. Y la primera justificación suele emerger con el sorteo: si nos cuestan los rivales africanos, si mejor contra algún europeo sin tanto futbol aéreo, si es idóneo evitar a tal o cual representativo, si cuidado contra aquellos que traen a tal delantero, si conviene abrir con el fuerte para cerrar con el que no lo parece tanto.

 

La historia de los Mundiales ha dejado muy claro que incluso los grupos que a priori pintaban más definidos, a la postre tuvieron sorpresa. ¿Qué habrían hecho muchos mexicanos si para el 2002 les toca, como fue el caso de Suecia, con Argentina, Inglaterra y la entonces poderosísima Nigeria? Evidentemente, darse por perdidos… Y Suecia avanzó a la siguiente ronda como primer lugar.

 

Sin embargo y al margen de las paranoias nacionales a ese sorteo, su historia reciente ha sido más bien benévola con los once de verde. El último grupo verdaderamente de la muerte que se enfrentó, fue el de Estados Unidos 94 (Noruega, Irlanda, Italia), y por entonces estaba abierta la posibilidad de meterse como tercero. El de Francia 98 era más que asequible (Corea del Sur, Bélgica y Holanda), el del 2002 se libró con gran facilidad (Croacia, Ecuador, Italia), el del 2006 lucía sencillísimo y por poco se atasca (Irán, Portugal, Angola), y el del 2010 tenía la trampa de enfrentar al anfitrión, aunque este fuera el seleccionado sede más débil de la historia (Sudáfrica, Francia, Uruguay).

 

Grupo de la muerte, el que se tuvo en Chile 62 con los dos futuros finalistas, Brasil y República Checa, más España; o el de Inglaterra 66, con los a la postre campeones, Inglaterra, junto con Uruguay y Francia.

 

Los demás han tenido siempre al menos un rival derrotable… Al que a menudo no se ha derrotado, como Túnez en 1978 (primera victoria africana en un Mundial y el benévolo México lo hizo posible).

 

Un mal sorteo hoy, hará que el clima futbolístico en nuestro país vuelva a las crisis existencialistas de la peor época de Chepo de la Torre. Un buen sorteo hoy y vaya peligro: los diagramas demostrarán que el Tri está para semifinales.

 

Lo mejor, esperar. Y trabajar. Y mejorar. Mucho. Porque a reserva de lo que se decida hoy en Costa de Sauipe, la única certeza que tenemos es que nuestra selección está en este 2013 lejísimos de donde tiene que estar.

 

 

Alberto Lati

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