Diego Costa y el ojo gordo

Alberto Lati

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Algo extraño, incluso esotérico, sucede cuando se habla demasiado de algún tema, cuando un hombre se convierte en objeto de muy focalizada atención (o tensión) por parte de muchas personas. Mal de ojo se le denomina en varias culturas, sobre todo las mediterráneas, pero también africanas, prehispánicas, hinduistas y celtas.

 

En Brasil, en específico, es común escuchar alusiones al olho gordo y los talismanes que han de contrarrestarlo. Parte de los esfuerzos de la macumba o candomblé se orientan a eso.

 

Pues bien, sirva tan supersticioso y suspicaz preámbulo, para referirnos al caso de Diego Costa.

 

Tanto se habló durante el último mes respecto a cuál selección finalmente escogería, para que terminara causando baja de su primera convocatoria sin antes siquiera jugar.

 

España ya lo quiso utilizar en sus últimos dos cotejos eliminatorios, aunque en aquel momento Brasil logró entorpecer el proceso burocrático y retrasar su debut (truco que, pensaban, daría tiempo a la verdeamarela para recuperar la preferencia del delantero). El asunto es este muchacho que dejara su país siendo un adolescente para enrolarse a un conjunto de segunda división portuguesa y después se ganara con mucho sudor cada brinco hasta llegar al estrellato con el Atlético de Madrid, de pronto se vio pretendido tanto por el campeón mundial y bicampeón europeo (España), como por el representativo nacional más laureado (Brasil).

 

Se dice que el interés amazónico fue más bien una manera de curarse en salud, de prevenir futuras críticas en caso de que Costa brille con España; el asunto es que, aunque el seleccionador Luiz Felipe Scolari había dado señas de no contar con él, desató una gran ofensiva al conocer que el goleador vestiría el uniforme de la nación a la que emigró y no la de la tierra que lo vio nacer.

 

Ahí brotó el más burdo patrioterismo que podamos imaginar, con un dirigente de la federación local de futbol pidiendo se le quitara la nacionalidad brasileña y el propio Felipao clamando que Costa había traicionado el sueño de millones de brasileños (el mismo Felipao que enfrentó a Brasil en un Mundial, dirigiendo a Portugal, y que convenció de portar la casaca lusitana a dos brasileños como Deco y Pepe).

 

Cuando todo estaba puesto para el debut de Costa con la denominada roja, una lesión le ha obligado a abandonar la concentración y posponer el inicio de esta historia.

 

¿Olho gordo? Yo más bien diría que situaciones comunes de la vida y, por ende, del futbol, aunque den para pensar mal después de tan candentes polémicas.

 

El DT español, Vicente del Bosque, ha admitido que se sienten comprometidos a utilizar a Costa a fin de compensar su difícil decisión, lo cual tampoco puede garantizarle la titularidad. Y aquí emergerán otros grandes atacantes españoles que buscan hacerse con esa plaza vacante en la delantera: Fernando Llorente de la Juventus ha sido llamado como reemplazo de Costa, pero también están Álvaro Negredo (enrachadísimo con el Manchester City) y el experimentado David Villa (retomando su nivel en el Atlético), más los no convocados Fernando Torres y Roberto Soldado.

 

Costa tiene mucha competencia en la punta de España… Más de la que tendría, bajo condiciones normales, con Brasil. Y Costa no podrá empezar a ganarse el puesto esta semana, sino que deberá esperar al menos unos tres meses, cuando venga otra serie de amistosos de selecciones nacionales.

 

Ahora que olho gordo en su verdadera dimensión, lo encontrará durante el Mundial, con las gradas brasileñas preparadas para mostrarle su molestia por haber dicho que no al scratch du oro.

 

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