Entre volantazo y volantazo, en una irrefrenable secuencia de cambios de timón, el equipo mexicano continúa a la deriva.

 

Tal parece que el precio de haber apostado por la estabilidad de José Manuel de la Torre tras la pasada Copa de Oro seguirá siendo la peor de las inestabilidades que selección nacional jamás haya experimentado en el mundo: ¡cuatro directores técnicos en un lapso de cinco partidos eliminatorios!

 

Retomo una serie de preguntas ya formuladas con anterioridad: ¿cómo se llegó a este caos? ¿En qué momento se torció este proyecto? ¿Qué fue de tantas opciones que veíamos sobradamente capacitadas para ocupar cada posición? ¿Qué de la personalidad y el aplomo? ¿Qué del orgullo de saber que tantos elementos tricolores habían dado el brinco a Europa, y que teníamos dos títulos sub-17, y que arrancamos el oro olímpico a Brasil (plantel muy cercano al que irá a su Mundial) en Wembley? ¿Qué de las certezas de que la mentalidad ya era otra, de que esta generación traía un chip distinto, de que el Azteca era de nuevo una fortaleza inexpugnable, de que al jugar de visitantes ya nadie se achicaba, de que debíamos desterrar en definitiva injuriosos términos del pasado como “ratoncitos verdes”?

 

Sin embargo, la tormenta no cesa, y más grave que la inoperancia futbolera (que existe, mas de ninguna forma a esta dimensión), es la desconfianza, la falta de autoestima futbolera, la inseguridad al calcular cada balón y encarar a cada rival.

 

Tras el joven técnico que más prometía (Chepo), y el interinato con el campeón de Londres 2012 (Tena), y un entrenador cuya amplia colección de trofeos hizo que se le apodara Rey Midas (Vucetich), viene el enésimo cambio en tiempo récord. Miguel Herrera intentará trasladar su modelo americanista al conjunto nacional, pero de manera exprés y sin mínimo margen de error.

 

Nadie pensaba que tres cupos pudieran no bastar a México para clasificarse directo a Brasil 2014. Más aun, nadie siquiera consideraba que acceder a esa repesca se conseguiría sólo de la mano de postreros goles en otros partidos y no gracias al desempeño propio.

 

Esto es lo que hay y bajo esta urgencia hay que trabajar, porque un proceso eliminatorio saldado con dos victorias, cinco empates y tres derrotas, a nadie alcanza hoy para meterse a un Mundial.

 

Como la vida misma, el futbol consiste en momentos y circunstancias.

 

¿Qué hubiera sucedido si el América no logra derrotar providencialmente al Cruz Azul en la pasada final? Que Miguel Herrera seguiría siendo acusado de no ganar nada, de siempre acercarse aunque sin coronarse. Que Guillermo Vázquez sería el candidato obvio con sus dos ligas conquistadas.

 

Algo parecido podemos establecer con el proceso tricolor: ¿qué hubiera pasado si se vence a Jamaica en el Azteca cuando arrancaba este hexagonal? ¿O qué si Honduras no remonta ese empate a dos en San Pedro Sula? ¿O qué si Chepo deja el cargo después del difícil verano que enfrentó? Preguntas y hubieras que hoy, en medio de tan duradera tempestad, ya no tienen sentido.

 

Veinte años han pasado de la expulsión que privó a Miguel Herrera de acudir a una Copa del Mundo y, en general, de llevar su carrera a un nivel diferente. Lo acontecido ese 11 de abril de 1993 lo etiquetaría irremediable y duraderamente; la selección mexicana estaba obligada a derrotar a Honduras si quería ir al Mundial de EUA 94 y Herrera se hizo merecedor de la tarjeta roja en los primeros minutos. Ese momento acentuaría una fama de agresividad o irresponsabilidad que, por mucho que el defensa aprendió y maduró, jamás le sería quitada de encima.

 

El joven antaño acusado de no saber lidiar con la presión y moderar su temperamento en momentos extremos, es dos décadas después el líder al que se recurre en suplicio para rescatar la nave.

 

Enésima modificación en el Tri. Desde septiembre se ha dicho que no existe mañana, aunque los astros (y los estadunidenses) han sido tan generosos que el mañana sigue ahí para nuestra selección. En todo caso, ahora sí, ya no hay más. Visita recíproca contra Nueva Zelanda. Último tren a Brasil 2014 e intentaremos abordarlo con maquinista recién asignado.

Alberto Lati

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