Una especie de magia corre literalmente cual pólvora por el norte de Londres: contra todo pronóstico, es el Arsenal –y no el campeón United, y no el Manchester City, y no el Chelsea– quien manda en el futbol inglés tras la disputa de seis jornadas.

 

El equipo que comenzó esta temporada bajo el más agrio fastidio de su afición, bajo pancartas que enlistaban fichajes intentados pero no consumados, bajo protestas por medidas de austeridad en su directiva dignas de Angela Merkel en plena eurocrisis, ha cambiado los peores augurios a golpe de goles.

 

Bastó con que llegara Mesut Özil al conjunto pistolero, para que la realidad gunner diera un giro de 180 grados. Acaso, los cincuenta millones de euros mejor gastados por el club en muchos años, con el mundialista alemán convertido en lo que nunca terminó por ser en el Real Madrid: el futbolista más decisivo de su liga.

 

Aunque la campaña es prematura, los sueños del Arsenal se han disparado muy pronto. Sobre todo porque los magnates del certamen han abierto de forma sorprendentemente débil: el Manchester United atascado en la transición luego de la salida de sir Alex Ferguson y llegada de David Moyes; el Chelsea contagiado de las paranoias de José Mourinho, quien hace unas semanas se decía feliz de retornar, y ya ha vuelto a viejos delirios de persecución y manías; el City también padeciendo para plasmar en la cancha lo que Manuel Pellegrini desea… Y ellos, invictos en liga y Champions, a lo suyo: haciendo por fin valer la ventaja que supone tan dilatada estancia de su director técnico, tan añejo proyecto, tanta estabilidad.

 

Lo que meses atrás era criticado a Arsegne Wenger (que había perdido ambición, que se había acomodado en la mediocridad, que toda su gestión iba encaminada a sacar números positivos para los accionistas y no a obtener títulos), ahora es visto bajo un prisma diferente. El hombre que cumple ya 17 años en el banquillo del Arsenal y a quien en su momento se atribuyeron cambios de fondo en el funcionar del balompié británico (a nivel físico, a escala nutricional, en nociones tanto estratégicas como psicológicas), ilusiona otra vez con un nuevo título.

 

De su Arsenal se fueron en los últimos años las máximas estrellas, hartas de no poder cobrar más y, sobre todo, de no aspirar a ganar algo relevante: Thierry Henry, Cesc Fábregas, Robin van Persie, Samir Nasri, Alexander Song, Emmanuel Adebayor, Patrick Vieira, Matthieu Flamini, Aleksander Hleb, son algunos nombres de quienes decidieron partir, dejando como estela mucho dinero en la caja del club, mas ningún reemplazo que llenara su vacío.

 

En teoría, Özil tenía que haber tardado en adaptarse y no era capaz de cargar con un equipo. En teoría, la mejora del colectivo no sería inmediata. En teoría, hacían falta mucho más refuerzos para aspirar a algo serio. En teoría, precozmente refutada por la práctica. Y por Aaron Ramsey, un mediocampista galés que parecía condenado a quedar en promesa: cuatro goles en seis partidos de un muchacho que hasta hace poco tiempo era más célebre por coincidir sus escasos goles con la muerte de algún personaje célebre (Bin Laden, Steve Jobs, Gaddafi, Withney Houston, el basquetbolista Ray Williams). Cada que recibía un centro, decían los analistas expresiones como “Tiembla Mandela”, aunque afortunadamente desde que anota seguido, sus tantos no concuerdan en el tiempo con algún fallecimiento de trascendencia internacional.

 

Sin embargo, la mayor maldición es la que carga Wenger. Tan inmortal para esta institución que dos bustos suyos decoran hoy el futurista estadio Emirates, sobre el entrenador francés pesan ocho años sin títulos, loza demasiado severa en un futbol que demanda éxitos permanentes e impide vivir del pasado.

 

“Me encantaría quedarme para siempre”, ha dicho en este renacimiento y apenas un par de meses después de que buena parte de sus seguidores pidiera su dimisión (incluso se rumoró que iría al Paris Saint Germain).

 

Si al Arsenal le alcanzará este gran arranque para levantar un trofeo, es asunto por comprobarse, pero al menos ha vuelto a tener condiciones para pelear con todos e ilusionar a sus gradas.

 

Cual pólvora en sus emblemáticos cañones corren estos resurgidos anhelos. Cual pólvora que es estela de la clase del mago Mesut en cada ejecución.

 

Alberto Lati

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