Sucedió tras Estados Unidos 94 que el proceso de Miguel Mejía Barón como seleccionador mexicano fue severamente cuestionado. La falta de cambios en el definitivo cotejo frente a Bulgaria condenó al hasta antes adorado director técnico, y comenzaron los sombrerazos en aras de buscarle sustituto.

 

Por entonces empezaba a labrar su reputación de Rey Midas, un entrenador sereno y mesurado, cuya edad no llegaba a los cuarenta años. Víctor Manuel Vucetich había emergido como sinónimo de triunfo al acumular en escasas seis temporadas, dos títulos en segunda división y dos en el máximo circuito. Épocas en las que el club Tecos, eufórico por su primer título, le ofrecía un contrato por veinte años.

 

Vuce no llegó a la selección en aquel momento y, como sucede en el vertiginoso planeta futbol, su carrera tuvo momentos de todo tipo. Aun así, el mote de Rey Midas siguió reforzándose con la copa conquistada tanto con Tigres como con Cruz Azul, así como la liga que más tarde obtendría con Pachuca y dos veces con Monterrey (sin olvidar las tres ConcaChampions en el conjunto rayado).

 

Quizá su principal valor sea saber sacar provecho a futbolistas desperdiciados en otros sitios, formar colectivos sólidos, tejer proyectos a largo plazo y, sobre todo, saber ganar en los momentos cumbre: su balance de 14 finales ganadas en 15 disputadas, resume esa condición mejor que ningún adjetivo.

 

Ahora, ganador de esta especie de rifa del tigre y dos décadas después de haber sonado por primera vez como seleccionador mexicano, Víctor deberá mantener semejante nivel de perfección en las finales que tiene por delante el Tricolor. Las condiciones no podrían ser más extremas, sin el menor de los márgenes de error. Ése riesgo asumió la Femexfut al sostener a José Manuel de la Torre mes y medio atrás, ése riesgo asume Vuce a cuatro semanas de dirimir con Panamá quién se queda la plaza en la recalificación.

 

Dos virtudes del estratega tampiqueño tendrán que surtir efecto de inmediato: la primera, saber formar un bloque que en tan poco tiempo asimile sus ideas; un bloque que ya tenga cierto nivel de compenetración y que no llegue al 11 de octubre apenas a colocar los cimientos. La segunda, ser un psicólogo con dotes de milagrero; convencer otra vez a quienes portan ese uniforme verde de las fortalezas que se tienen; alejar tan densos y tétricos fantasmas que cada vez engarrotan peor las piernas y bloquean con más tensión las cabezas.

 

Muchos hubieran preferido a un DT de perfil más explosivo como Tomás Boy o Miguel Herrera, pensando que buena parte de este mal radica en la necesidad de motivación y arengas; muchos más creen que Vucetich no era el idóneo al caracterizarse sobre todo por trabajar a mediano y largo plazo.

 

Como quiera que sea, él sabe en la que se ha metido, él entiende la dimensión del reto asumido, él está consciente de que toma las riendas del quinto clasificado de la débil Concacaf, cuadro que además no ha ganado en casa en cuatro encuentros eliminatorios y apenas ha anotado medio gol por partido de este camino rumbo al Mundial.

 

19 años atrás, la Femexfut apostó por la continuidad de Mejía Barón, aunque a los pocos meses se le destituyó. Desde entonces, solamente un proceso clasificatorio ha logrado mantener en el banquillo al mismo seleccionador (Ricardo Lavolpe 2002-2006), síntoma inequívoco de inestabilidad. Obligados una vez más a colocar parches e improvisar, es el turno de Víctor Manuel.

 

Suerte, Vuce. Si devuelves la fe al Tricolor, si devuelves el gol al Tricolor, si devuelves la confianza al Tricolor, si devuelves el futbol al Tricolor, sin duda serás un Rey Midas.

 

Alberto Lati

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