Hubo una época no tan remota en que durante los meses de julio y agosto los equipos se aislaban del mundo, cerraban filas, seguían agotadores ciclos de trabajo físico a fin de ponerse a tope. Épocas en que la pretemporada no tenía más finalidad que dejar al plantel listo mental y aeróbicamente para lo que venía. Campamentos en montaña, aldeas que no implicaran distracciones, músculos extenuados añorando volver a tocar balón.

 

Tan distinto a lo que sucede desde hace unos diez años: giras asiáticas, torneítos en Estados Unidos, compromisos comerciales, todo con tal de aprovechar esas 5-6 semanas previas a la campaña para elevar ingresos y fortalecer el posicionamiento de una marca.

 

En estos teóricos días de guardar, el Barcelona recorrerá en total más de 30 mil kilómetros e incluirá cotejos en Polonia, Tailandia y Malasia.

 

Real Madrid, en tanto, trabaja en California y participa en un certamen que incluye a clubes como Inter, Valencia, Juventus o Chelsea. Este último disputó algún partidito en Indonesia, así como Liverpool lo hará en Australia, Manchester United lo ha hecho en Japón, Manchester City en Hong Kong y Sudáfrica, y un larguísimo etcétera.

 

De lo que se trata, más que nunca, es de abrir nuevos horizontes comerciales, reforzar presencia de marca, incrementar venta de artículos con el escudo del club.

 

La imagen de Cristiano Ronaldo en el Dodgers Stadium resume en buena medida lo que es hoy por hoy la pretemporada de un grande: frenesí total. Lanzó la primera bola, se metió a la jaula de práctica de bateo, intercambió uniformes y dominadas con peloteros de la novena de Los Ángeles, posó para foto con el ex basquetbolista Magic Johnson y el actor Samuel L. Jackson, salió del estadio corriendo entre multitudes… exactamente lo opuesto a lo que se hubiera visto todavía a fines de los noventa.

 

Lo mismo podemos ver a los elementos del Manchester United en compromisos publicitarios y eventos multitudinarios en Tokio: si los futbolistas desean cobrar lo que cobran y los traspasos han de elevarse a dimensiones que hoy permiten especular que se pagarán 150 millones de dólares por Gareth Bale, es imprescindible hallar forma de que la caja registradora trabaje.

 

Llama la atención que poco a poco Estados Unidos se ha afianzado como destino de muchos de los grandes equipos. Un mercado muy deseado y con alto potencial: sea por los más de 30 millones de hispanos, sea por el resto de una nación que a menudo se había resistido a los encantos de lo que denominan soccer.

 

A todo esto, un editorial alemán nos recordaba un punto por demás sintomático: a diferencia del común de quienes juegan en España, Italia e Inglaterra, ningún cuadro de la Bundesliga germana hizo pretemporada fuera de Europa. Su prioridad sigue siendo jugar futbol. Y se nota.

 

Alberto Lati

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