La amenaza nigeriana

Alberto Lati

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Ya es un tema recurrente y, por ende, la preocupación que despierta resulta tan temporal como relativa. Ante la advertencia de los seleccionados nigerianos de no viajar a Brasil para disputar la Copa Confederaciones, ya sabíamos más o menos qué esperar: posposición del viaje en algo así como 48 horas, intervención –o fastidiada súplica- de FIFA y oportuno arreglo que permita al torneo contar con todos sus participantes (que demasiado lejos estamos de esos años en los que podía no llegar alguno de los equipos registrados y entonces quedaban grupos con diferente cantidad de cuadros).

 

Lo que inevitablemente debemos señalar, es que la problemática padecida por Nigeria este jueves es común a las selecciones africanas. Eso de jalar la cuerda hasta último momento y agarrarse del certamen importante para exigir de una vez por todas se salden añejas deudas o para demandar mayores bonos, es habitual cada que se acerca una copa del mundo.

 

Los mismos nigerianos han estado involucrados en esta circunstancia, pero también representativos como Togo, Costa de Marfil, Camerún o Sudáfrica han puesto en duda su participación al no concretar con sus respectivas federaciones un arreglo. Jugar o dejar de hacerlo, es la única presión tangible para demandar lo que consideran propio.

En el caso específico de Nigeria, si acaso la mejor generación de su historia fue víctima de esta problemática. En el Mundial 1998, los Okocha, Mutiu, Kanu y Finidi, superaron con personalidad la primera ronda, donde incluso eliminaron a España. Entonces estalló el problema de cuánto dinero sería pagado a cada jugador y con base en qué ronda se alcanzara. En medio de una gran crisis, Dinamarca goleó a los nigerianos, echándolos fuera en octavos de final y haciendo innecesarios los debates respecto al bono por ser semifinalistas.

 

¿Cómo se negocian los bonos? Idealmente, el grupo debe elegir a un par de futbolistas experimentados y respetados, en cuya capacidad de negociación, personalidad y honestidad, todos confíen. Ellos deben reunirse con los dirigentes para acordar las cantidades. Entre más lejos se encuentre el inicio del certamen, más sano, pues así todos pueden enfocarse en lo primordial que es el torneo mismo (aunque dejar pasar tiempo suele ser favorable para los intereses de los jugadores).

 

El problema se da cuando los futbolistas mismos ya no confían en su federación, cuando hay precedentes de impago, cuando las sospechas de corrupción resultan permanentes, cuando la federación decide no pagar bajo el entendido de que sus convocados ya ganan lo suficiente en sus respectivas carreras en Europa. Entonces el tema se va posponiendo hasta que el partido debut está encima y ahí es cuando la selección anuncia que no viajará a menos que se le hagan las concesiones económicas exigidas.

 

Eso ha pasado con Nigeria este jueves: a primera hora se dio a conocer que no viajaría a Brasil por las primas pendientes de partidos eliminatorios recientes y de la última coronación en la Copa África; hacia la tarde se aclaró que todo está en orden y que solamente arribarán con una ligera demora.

 

Ya el lunes enfrentarán a Tahití en Belo Horizonte y la polémica quedará zanjada al menos por unos meses. Será cuestión de que se acerque el Mundial 2014 para que otra selección africana –o los mismos nigerianos- digan que no jugarán y milagrosamente haya un arreglo a pocas horas de la inauguración.

 

En todo caso, los seleccionados no confiarán en sus directivos y los directivos terminarán pagando lo que quieran, tal como aquel conjunto de Mali que no consiguió sus primas pactadas debido a que alguien en su federación juzgó que la calidad de su juego no lo ameritaba.

 

 

 

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