¿Será que la posible intromisión de un gobierno a la intimidad digital de los ciudadanos del mundo elevará los índices de seguridad nacional de un país?

 

¿Será verdad que es imposible para una nación alcanzar el 100% de su seguridad nacional respetando al 100% la privacidad de sus ciudadanos, y de lo que hagan y digan ellos y los usuarios de internet del resto del mundo que usen servidores tecnológicos basados en ese país?

 

Ante un presunto operativo de espionaje digital a usuarios de redes sociales e internet en pleno ¿se podría despertar la incertidumbre y la desconfianza entre los intereses de industriales, financieros, militares, sociales… de la gente… de todo el mundo?

 

En un contexto así ¿un empresario o un industrial se sentiría seguro de poner en la Nube o en un correo electrónico, información sensible de su negocio?

 

Y para el ciudadano promedio ¿qué implicaría saber que “en el nombre de la paz”, un país tendría facultades unilaterales para violar su intimidad en redes sociales? ¿No sería tan bizarro como permitirle al gobierno la entrada de inspectores a nuestras idas al baño?

 

Resulta estremecedor imaginar las consecuencias de una eventual paranoia colectiva de usuarios digitales alrededor del mundo, que se saben potencialmente espiados, con los matices y exageraciones propios de cada cultura.

 

Desde falsos rumores desestabilizadores lanzados por activistas cibernéticos para distraer la atención de las agencias de inteligencia y policiales en una “emergencia fantasma” en el punto A, con el fin de perpetrar un ataque real en el punto B, hasta ataques al sistema financiero mundial con algún virus digital para desquiciar mercados.

 

La consecuencia de ordenar espionajes hacia gente o empresas, por la unilateralidad y arbitrio de un gobierno, podría detonar lamentables sentimientos de coraje y, en un extremo, actos de venganza y violencia que pudiesen derivar en justo lo que se trata de evitar: afectar a las mayorías.

 

Hoy hay gente que tiene en sus manos dispositivos inteligentes con alma de androide, cuya misión es “observar” cuidadosamente al usuario para ejecutar acciones según sus gestos faciales… que te observe un objeto es de dar miedo.

 

Además, toda la información que corre en internet y se hospeda en algo llamado La Nube, servidores que acumulan todo –propiedad intelectual, investigaciones, reportes de toda índole, transacciones, planes, ideas, estrategias…- lo que genera a diario la raza humana.

 

Que la “intimidad de todo el mundo” se abra al escrutinio de quién sabe quién resulta doblemente estremecedor.

 

Pero, lo más espeluznante, es imaginar la posible reacción de la gente ante este presunto atropello perpetrado en nombre de la paz y la tranquilidad de un país, bajo métodos de espionaje que evocan la paranoia en épocas de la Guerra Fría.

 

Ante las maravillas del mundo www alguna vez me dije en tono de broma y con una sonrisa que buscaba hacer nítido mi asombro: “El fin del mundo llegará por internet”. Hoy empiezo a desdibujar esa sonrisa porque no es broma.

 

La desconfianza del humano hacia el humano es el germen del desastre. En un mundo en el que internet es una plataforma de información, comunicación, organización y movilización social, esa paranoia podría despertar fuerzas desconocidas.

 

Hoy, vivimos la consecuencia de usar tecnologías de punta inventada antes que las políticas e instrucciones de uso. La paranoia no debería eclipsar la inteligencia.

 

@Jcmrock101 | jc@r101ck.mx