Nada hay de raro en que otro oligarca ponga sus ilimitados millones al servicio del futbol. Nadie tiene por qué extrañarse de que un nuevo magnate (que, fiel a la actual tradición rusa, también trae algo de magnate nuevo), elija a un equipo como juguete favorito. Nada inaudito pero con complejidades específicas que ahora generan controversia.

 

Sucede que el club AS Mónaco, ascendido este fin de semana a la primera división francesa, tiene una de las circunstancias más peculiares que se puedan hallar: que proviniendo de una entidad política independiente, participa en la liga de otro país, Francia.

 

Si revisamos el futbol en los demás micro-estados europeos, hallaremos dos casos parecidos: Andorra sí posee liga de futbol, pero en ella no participa su principal equipo, el FC Andorra, de momento en quinta categoría española; de igual forma, el Vaduz suele ganar con comodidad la copa de su nación Liechtenstein, mas al mismo tiempo compite en segunda división suiza. En tanto, San Marino y Luxemburgo (mucho menos, el Vaticano) nunca se han integrado a las ligas de sus grandes vecinos, Italia y Alemania, respectivamente.

 

Lo que en definitiva dificulta tanto el caso del Mónaco es su condición de paraíso fiscal, la cual altera el sentido de competencia sana en la liga francesa: otro tipo de contrataciones y sueldos puede pagar quien no está obligado a desembolsar el mismo porcentaje en impuestos. Toda su operación es más barata y el dinero le rinde más que a los rivales a los que enfrenta en su torneo de liga.

 

El debate no es nuevo, de hecho el diario El País recordaba una anécdota de los años sesenta, cuando Chales de Gaulle amenazó al príncipe Raniero con suspender la electricidad en Mónaco si no hacía algo por impedir que los franceses mudaran su domicilio fiscal al principado.

 

Sucede que desde que el millonario ruso Dimitri Rybolovlev decidió poner su fortuna al servicio de esta institución, la polémica ha estado más en boga que nunca. El nombre de Rybolovlev se relaciona con listas de Forbes, con su participación en la industria farmacéutica, con su peso político, con su hija socialité (quien ha comprado la isla griega de Skorpios a los Onassis), con alguna polémica que lo metió en prisión casi un año, con su gran colección de arte, con sus inversiones para restaurar emblemáticos edificios rusos… y ahora con el futbol.

 

De acuerdo con su plan, el Mónaco invertirá una millonada el próximo verano a fin de convertirse en la nueva fuerza europea. Nombres como los de Radamel Falcao, Gonzalo Higuaín, Carlos Tévez y Víctor Valdés suenan como pretensiones del cuadro monegasco. Quizá no logre amarrarlos (por dinero que sobre, no todos los futbolistas estelares admiten irse a una entidad recién ascendida) pero algunos astros llegarán.

 

No es un sitio específicamente enamorado del futbol. De hecho, cuando por ahí estuve siguiendo a Rafael Márquez, constaté lo contrario: casino, glamour, champaña, realeza europea, yates, autos deportivos con placas de Dubai… Y un estadio Luis II sin alma, sin ambiente, sin pasión, en el que elegantes meseros no siempre hallan a quién atender.

 

Cuando Rybolovlev lo adquirió, el AS Mónaco estaba en riesgo de desaparecer. Había pasado ya un par de años en segunda y nada bueno se presagiaba.

 

Hoy las dudas son distintas. Dinero y afán de levantarlo sobran, pero la liga francesa está decidida a poner un alto. Dos posibilidades asoman para Rybolovlev: mudar fiscalmente la sede a territorio francés para pagar impuestos igual que todos o aceptar la indemnización de 200 millones de euros para seguir como está.

 

En todo caso, podemos estar seguros de que en Mónaco se gesta otro club de la estirpe de Paris St. Germain, Manchester City y Chelsea.

 

@albertolati

Alberto Lati

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