¿Por qué al abrir una bolsa de “papitas” comes una y de inmediato quieres mas? Sabes que tienen altos contenidos de grasa y sodio, que no ayudarán a tu gastritis, que incluso estás completamente satisfecho y sin embargo, no paras hasta que la bolsa está vacía. Más allá de eso: metes los dedos hasta el fondo de la bolsa para recoger lo que quede de migajas.

 

La pregunta no sólo se las hacen las mamás a los niños pequeños o las personas a dieta permanente y a las que les ataca la culpa al comerse una bolsa de frituras. También se la han planteado un grupo de científicos alemanes.

 

Hasta hace unos años, se consideraba que la “adicción” era causada por los altos contenidos de carbohidratos en dichos alimentos. Sin embargo un experimento reciente refutó esta teoría y dio paso a nuevas investigaciones.

 

El grupo de científicos de la Universidad de Nuremberg en Erlangen, Alemania, usó a tres grupos de ratas para estudiar la condición. Al primero lo alimentaron con comida insípida; al segundo, con alimentos altos en carbohidratos y mezclas que simularon los componentes nutricionales de unas “papitas”. El tercero fue alimentado con papas fritas.

 

Los resultados de las resonancias magnéticas arrojaron que los roedores alimentados con papas fritas experimentaban una mayor activación de regiones del cerebro relacionadas con el sistema de recompensa, la ingesta de comida, el sueño y áreas motoras; incluso se observó que las ratas seguían comiendo aún cuando estuviesen satisfechas, aún mas que el segundo grupo que también había sido alimentado con altas porciones de carbohidratos,  lo que  demostró que la mezcla de grasas, no es la base de su “efecto adictivo”.

 

El jefe del experimento, el Dr. Tobias Hoch, presentó este descubrimiento en la 245º Reunión y Exposición Nacional de la Sociedad Americana de Química y explicó las conclusiones de su equipo.

 

“El efecto de las papas fritas en la actividad cerebral, así como el compartamiento al alimentarse, se explica sólo parcialmente por sus componentes calóricos. Tiene que haber algo más en las ‘papitas’ que las haga ser tan deseables”.

 

La “condición” que la propicia, señaló Hoch, se llama “hiperpagia hedónica”,  y la padecen millones de personas en el mundo. Estas se caracterizan porque les gusta comer; no sólo comen por hambre, comen por placer. Sin embargo, aún les falta encontrar cual es ese componente que tienen las frituras que estimulan a esa “condición”.

 

Dado que las papas fritas y otros tipos de comida chatarra afecta el centro de recompensas del cerebro, una explicación del porqué a algunas personas no les gustan las frituras es que, probablemente, la forma en la que se activa este sistema depende de los gustos y preferencias individuales, aseguraron los científicos.

 

La importancia de esta investigación radica en el hecho de que si la ciencia encuentra cuál es ese componente que activa el circuito de la recompensa del cerebro, se podrían desarrollar nutrientes que al añadirse a estos alimentos inhiban su efecto y que podrían bloquear la “adicción” por la comida chatarra.

 

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