Más absurdo que ver al equipo mexicano desaprovechando su ventaja de dos goles ante Honduras, lo fueron las extremas condiciones bajo las cuales se jugó el Estados Unidos-Costa Rica: una nevada que no solamente impedía jugar el balón, sino que ni siquiera dejaba ver línea alguna de la cancha o a unos metros de distancia.

 

Simplemente ridículo que se haya autorizado un cotejo bajo estas condiciones. Para ese tipo de decisiones hay árbitros y, por si no bastara, para eso los acompaña un delegado de Concacaf que representa a su vez a FIFA, pues se disputaba un partido perteneciente ya a Brasil 2014.

 

La Federación costarricense está indignadísima y con toda razón. Una cosa es aprovechar tus partidos como local para sacar cierto tipo de ventaja (de la afición, del clima, del césped, de la altura) y otra muy distinta es este nivel de irresponsabilidad que puso en riesgo la integridad de los jugadores y afectó irremediablemente el devenir normal del duelo.

 

El seleccionador estadunidense Juergen Klinsmann, criticado desde que tomó el cargo por el rendimiento de sus pupilos, hizo declaraciones tan absurdas como el partido mismo: “fue una bonita batalla sobre nieve. Crecí en zona de nieve y jugué esos juegos cuando era pequeño. Intentas empujar el balón al área rival pero no puedes pasar”.

 

Parecía un encuentro de segunda división rusa. El tipo de cotejo que nadie se atreve a posponer, sea porque lo que se disputa no es tan relevante, sea porque a los implicados les da pereza tomarse la molestia, sea porque a nadie le importa su resultado. En el segundo tiempo, cuando eso era un caos de gente corriendo y tropezando, cuando un pelotazo sucedía a otro en busca de milagros o resbalones en cualquiera de las porterías, cuando los futbolistas chocaban grotescamente,  el árbitro interrumpió pero tras hacer las consultas pertinentes reanudó.

 

Concacaf necesita aprender a tomarse en serio a sí misma. La localía tiene límites y, en todo caso, por mucho que un equipo decida jugar en cierto sitio, si no hay condiciones se requiere posponer (así como en la ardiente y humedísima San Pedro Sula, en el Honduras-México, se debió autorizar hidratación para los futbolistas).

 

¿Más de diez centímetros de nieve? ¿Imposible rodar del balón amarillo? ¿Líneas imposibles de ver? Lo de Denver no fue futbol, pero paradójicamente forma parte del evento más importante de este deporte.

 

FOTO LATI

Alberto Lati

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