Entender a España, entender su futbol

Alberto Lati

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Todo debate que intente profundizar en la política del futbol español, mencionará antes que nada al Barcelona (Más que un club, se le denomina por su vinculación a la causa catalana) y a los equipos vascos: el Athletic. que a la fecha sólo alinea a jugadores canteranos o de la región, y la Real Sociedad que por años estuvo abierta a extranjeros pero cerrada a españoles no vascos. Después podrá recordarse el rol del Real Madrid como embajador del franquismo (antes de que el poder se apropiara de sus gestas, como aclara el escritor Javier Marías, había estado más cerca de la causa republicana) y un sinfín de historias de la posición de cada club o sector de aficionados en el complicado siglo veinte de esta nación.

 

Y entonces llegamos al caso Salva Ballesta, ex delantero y hoy asistente técnico cuya contratación con el Celta de Vigo fue rechazada este lunes debido a su orientación política. Hijo de un piloto militar y muy apegado a todo concepto marcial –de  hecho, celebraba los goles con saludo de soldado- Salva tiene un amplio historial de declaraciones. Cuando se especulaba que los atentados del 11 de marzo del 2004 eran producto de ETA, aseveró: “Dadles 72 horas a los que hay que dárselas y verás como con esto acaban rápido”. Cuando Oleguer, entonces defensa del Barcelona y activista por la independencia catalana, apoyó a un etarra en un artículo, declaró: “Me merece más respeto una caca de perro”. Sobre la guerra en Iraq, “si me hacen ir, voy el primero”.

 

El asunto es que sus elocuentes muestras de nacionalismo (“¡Que la bandera de España es la bandera de tu país! Yo la llevo donde hay que llevarla. ¡Con dos cojones!”), nunca gustaron en estadios catalanes, vascos o gallegos. Por ello ahora que el Celta cambió de entrenador y de rebote lo recibiría –pues llegaba como asistente del recién nombrado técnico- se generó un ambiente muy pesado hacia él en esta institución gallega.

 

Numerosas voces se han pronunciado en contra del rechazo de su contratación. Muchos lo interpretan como “no lo quieren por estar orgulloso de ser español” y hay toda una batalla ideológica en los medios.

 

En el fondo es sólo futbol, pero salpicado de numerosas y muy complejas nociones históricas.

 

Lo que sí está claro es que Salva subestimó el peso de sus declaraciones y fue un tanto inocente al pensar que podría trabajar alguna vez en sitios donde sus palabras e inclinaciones no se comparten, aunque él se considera apolítico.

 

Cosa curiosa que hasta los más ardientes defensores del nacionalismo irlandés han jugado en la Liga Premier inglesa y nada ha pasado… Aunque España es un caso demasiado complicado. Primero hay que tratar de entenderla si se pretende entender su futbol.

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