Pistorius, fin del cuento de hadas

Alberto Lati

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Sus zancadas sobre futuristas prótesis eran vistas como esperanza. Aceleraba en una recta el doble amputado y la humanidad podía creer en algo mejor, en obstáculos superados,  en dificultades vencidas.

 

Pocas veces un desportista despertó semejante nivel de inspiración. Si él conseguía sobreponerse tan imperialmente a su discapacidad, el mundo debía dejar de quejarse y ponerse a trabajar. De hecho, el concepto mismo de discapacidad se hizo relativo a través de las gestas de este sudafricano que desde la infancia fue educado para asumir que a sus específicas limitaciones físicas, correspondían más virtudes.

La primera vez que lo vi, fue en la pista de la Universidad de Pretoria, tres años atrás. Todo lo que proyectaba era positivo o así lo queríamos creer, hipnotizados por el rebotar metálico de sus prótesis contra la grama en cada sprint. Además, sonriente, bromista, cálido, respetuoso, más allá de lo políticamente correcto.

 

“¡Qué orgullo que vengan de México a verme!”, gritaba con lo que le quedaba de aliento tras una vuelta, en el preciso momento en que su entrenador, Ampie Louw, ya daba nuevas indicaciones en idioma afrikaans con los ojos clavados en el cronómetro.

 

Louw comenzó a trabajar con Pistorius en el 2003, justo cuando el futuro Blade Runner se recuperaba de una fractura de rodilla. Ahí detectó su talento y desarrolló a proporciones inéditas su potencial. Tanto el sesentañero Louw como Oscar parecían el tipo de genios que se hubieran quedado en el anonimato si sus caminos no se cruzan. El sobre-demandante entrenador arengaba al atleta importándole poco la presencia de un equipo de televisión: era una relación de elevada confianza, lucían cual familiares.

 

Más tarde, ya en las sonrisas de la despedida, Louw presentaba un lado más humano y nos contaba la cantidad de viajes que tenía en puerta para las siguientes semanas, ironizaba que su esposa había dejado de preguntar por su fecha de regreso, y Pistorius se sumaba a las bromas con contagiosas carcajadas.

 

“La cosa más rápida sin piernas” había sido una desafiante manera de autodenominarse por parte del multimedallista paralímpico. Nació con un mal congénito y al carecer de peronés le fueron amputadas las dos piernas antes de cumplir el año de edad. Esa condición, nunca representó una barrera respecto a lo que más le gustaba hacer, que siempre fue el deporte. Jugó rugby, se involucró en polo acuático, no desistió de participar en competencias de lucha libre.

 

Mientras hojeábamos con él las fotos de su libro autobiográfico, nos narraba que cierta vez, mientras se encontraban en la playa, preguntó a su madre: “¿Por qué yo no dejó en la arena huellas como las de los demás niños?”. A lo que ella contestó: “Sí dejas huellas, sólo que tus huellas son especiales”.

 

La naturalidad con la que su familia se aproximó desde un principio a su discapacidad fue la clave a través de la cual el niño Oscar creció con más metas que complejos.

 

En el 2003, poco después de que su madre falleciera por una reacción alérgica al tratamiento contra la malaria, Pistorius  se lesionó jugando rugby y entonces apareció Ampie Louw para cambiar en definitiva su carrera: se convertiría en velocista.

 

Luego de sus primeros triunfos a nivel paralímpico en Atenas 2004 y al mostrar que lograba mejorar sustancialmente sus tiempos, se fijó como aspiración competir en los Olímpicos de Beijing, lo cual le fue impedido por los tribunales deportivos que por entonces consideraban una ventaja las prótesis de fibra de carbono.

 

Precisamente esas prótesis se retiraba al terminar el entrenamiento en Pretoria. Se ponía los pantalones deportivos que ya traen cocidas las prótesis de calle con todo y tenis, y se sentaba a dialogar con nosotros sin parar de compartir anécdotas.

 

-Oscar, disfruto mucho preguntar a los atletas paralímpicos si se sienten discapacitados…

 

-Claro… (SONORAS RISAS, VOLTEA A VER A SU NOVIA QUIEN TAMBIÉN RÍE). Es una pregunta genial porque nadie de nosotros se mira como discapacitado… La diferencia entre ser capacitado o discapacitado está verdaderamente en la cabeza. No tener piernas no significa que sea incapacitado, tengo un millón de habilidades más.

 

-Hay anécdotas muy curiosas que me permiten entender que tú siempre te aceptaste como eras… Que el problema era más bien de tu entorno… Como cuando montabas motocicleta de adolescente…

 

-Es que nadie podía creer que un niño sin piernas montara motocicleta y muchas veces mi pierna, la prótesis, se me caía en el camino, y me volteaban a ver nerviosos. Yo me reía y me regresaba a recogerla. No era para tanto (VUELVE A REÍR). Pero yo hacía exactamente lo mismo que todos los demás chicos, no tenía porqué frenar.

 

-Sigues luchando por acudir a Mundiales de atletismo y a Olímpicos…

 

-Quiero correr en una plataforma en la que pueda enfrentarme a la más fuerte competencia; no me importa ganar o perder ahí, sino demostrarme que puedo estar contra los mejores. Espero que en el 2012 ó 2016 pueda correr en los Olímpicos y estamos trabajando muy fuerte para que eso suceda. Y te digo, eso va a pasar muy pronto. Ha sido muy desgastante el proceso legal para demostrar que no hay razón para excluirme de Olímpicos.

 

-Por tu edad, creciste en medio de muchos cambios en Sudáfrica. Siendo blanco, ¿cómo has vivido todo lo que ha pasado?

 

-Es increíble. Lo que ha pasado es para estar muy orgullosos. Lo que hizo Mandela… En el lugar donde crecí, jugaba mucho con niños negros y por eso aprendí a hablar un poco en zulu… Nuestro padre siempre nos hacía estar integrados con niños negros aún antes de que acabara el apartheid… Eso fue muy importante.

 

Quince meses después, Pistorius compitió en los Mundiales de atletismo de Daegu, con lo que su camino al olimpismo estaba abierto.

 

Por esas fechas, justo cuando trabajaba para clasificarse a los Juegos del 2012, me reencontré con él en Londres. Pistorius ya era una bomba de mercadotecnia. Marcas, anuncios, novias top-models, su fragancia. La misma actitud risueña, relajada, educada. La inspiración que parecía ir pegada a él, cual estela de sus prótesis.

 

Lo saludé en afrikaans y se rió. “Amigo de México… ¡Cuánto tiempo!”.

 

-Me dijiste hace tres años en Pretoria, ´voy a estar en Londres´… Estás cerca, ya casi lo logras…

 

-Sí, casi ya estamos ahí, tenemos trabajo que hacer, logré correr los tiempos que requiere la calificación el año pasado, viene un año nuevo, viene mucho trabajo por delante, pero estoy emocionadísimo con este año.

 

-Lo de Daegu tiene que servir para lo que viene…

 

-Tuve una gran carrera en la primera ronda en los Mundiales de Daegu, corrí uno de los dos tiempos más rápidos de mi vida, pero en la semifinal ya no estuve tan contento con mis tiempos, pude hacerlo mejor, mostré una falta experiencia. Aprendí mucho en Daegu en esos Mundiales y espero implementar esas lecciones en Londres.

 

-¿Ya vimos tu mejor versión, aún estamos por verla?

 

-Espero que aún haya mucho más que mostrar. Tengo 25 años. Los velocistas normalmente llegan a su punto máximo entre los 27 y 29, entonces ojalá venga un par de años por delante para superarme.

 

-¿Si calificaras a Olímpicos, sí competirías en Paralímpicos?

 

-Estoy más emocionado que nunca con los Paralímpicos. Correré los 100, los 200, los 400, y el relevo 4×100 por primera vez. Estoy muy emocionado. Londres es un lugar que además me emociona, he tenido ocasión de correr aquí en el pasado y estoy emocionadísimo de volver.

 

Pistorius no logró calificar individualmente a los Olímpicos, pero fue seleccionado para el relevo 4×100, haciendo historia.

 

Un mes después, en los Paralímpicos, advirtió antes de correr que las prótesis de su rival brasileño, Alan Oliveira, eran de tamaño ilegal. El héroe paralímpico que había alcanzado olímpicos, perdió ese oro y se fue echo una furia del estadio. Más tarde se disculpó por twitter, pero por primera vez Pistorius se alejaba del semblante y comportamiento impecables. De los cuatro oros que se le auguraban, sólo obtuvo dos. No fueron los Paralímpicos que él había deseado.

 

Ahora, el hombre de la inspiración, el monumento de carne y hueso a la superación de obstáculos, ha sido arrestado bajo la acusación de haber matado a su actual novia, modelo con la que tenía una relación desde un año atrás.

 

Mientras vemos la fotografía de su rostro oculto cuando era escoltado por policías, mientras escuchamos las acusaciones y deshojamos rumores, mientras algunos dicen que disparó pensando que un ratero se había metido a la casa, preferimos recordarlo tal como lo vimos en Pretoria casi cuando ya nos despedíamos.

 

Le mandé un pase con el balón para ver qué hacía y Pistorius comenzó a realizar inverosímiles lances con la pelota. Nadie que no lo conociera hubiera podido sospechar que le faltaban las dos piernas, que hacía todo con unas prótesis ocultas bajo el pantalón. Sin duda, un superdotado. “¡Nos vemos en Londres!”, fue su grito seguido de una carcajada. Riéndose como siempre, o como siempre pensamos que lo íbamos a ver.

@albertolati

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