El miércoles, mientras la tinta corría en las impresoras y los tuits se llenaban de indignación por los casos Cassez y Monex, un sector en México volteaba a ver la caída más fuerte del año de Apple.

 

Sí, el gigante se resbaló.

 

Desde la muerte de Steve Jobs, las preocupaciones alrededor del monstruo de Cupertino han ido en crecimiento. La competencia feroz con Samsung y Google ha sido difícil para el heredero del trono, Tim Cook, y los alguaciles que dejó Jobs para cuidar el condado.

 

Sin embargo, el genio que lanzara hace 29 años la primera Mac al mercado en los comerciales de un súper tazón olvidó algo esencial: Apple ha dejado de ser cool.

 

Durante años, Steve Jobs se mostró festivo e innovador. Fresco, vanguardista, con una gran necesidad de romper paradigmas y salir del status quo. Lo hizo en su vida personal y, una y otra vez, en su vida profesional.

 

La primera Mac. El famoso Next, la iMac, el iPod, el iPhone, el iPad. En cada uno de ellos con una cosa en la mente: ponerlo primero en las manos de quienes crean tendencia.

 

Así, las iMac coloridas no iban primeramente al escritorio del ama de casa, sino del universitario. El iPod no se diseñó para que lo comprara el abuelo antes del nieto y el iPad siempre fue diseñado para un sector más trendy que los oficinistas que lo usan.

 

Tan sólo hay que recordar las campañas de iPod o cómo Ari Gold, el chapucero representante de Entourage, monta su iPad en un teclado de Apple de los que, ahora, son de colección.

 

Jobs sabía que la necesidad de tener un producto Apple tenía que comenzar en los sectores que la población ve como inspiración. De ahí, poco a poco, pernear hasta conquistar el territorio que Bill Gates tenía dominado con Windows o que Research in Motion había adquirido con BlackBerry.

 

Jobs lo logró una y otra vez. Incluso con ventanas y productos que, si bien no eran necesarios o modernos, los transformaba en indispensables de obtener. Detalles tan pequeños como el color de los audífonos o el diseño de las cajas de empaque eran los enganches típicos del alma de Apple.

 

Al morir Jobs, la empresa ha insistido en mantener su camino pero, a veces, con abolladuras. La creación y lanzamiento del iPad mini es un ejemplo de eso pero, además, de algo más grave.

 

Apple reportó no una merma en sus ingresos, sino algo más preocupante: al no tener productos novedosos, la gente se ha alejado.

 

Y tienen razón. A no tener nada nuevo que ofrecer, los potenciales clientes optan por otras marcas más rápidas o, por lo menos, más avezadas en su mercadotecnia.

 

Si uno tiene ya un iPhone, un iPad, y una Mac, es muy difícil que vaya a la tienda a comprar nuevos modelos de forma rápida. En cambio, si existen nuevos modelos o productos, la necesidad de consumo y de colección -característica que se da en los productos Apple- hace que se compre lo que sea.

 

Esa iniciativa la ha perdido la manzana. Su competencia presenta con mayor rapidez y mejores campañas sus productos. A eso, agregue que las promesas de una televisión de Apple -el último deseo público de Jobs- se han estancado.

 

Y aunque los resultados financieros son alentadores y China es el mercado de reserva de Apple, es hora que se dé un recambio que acerque de nuevo a la audiencia que pone el paso a las tendencias.

 

Tal y como lo querría Steve Jobs.