Es tradición del futbol inglés jugar específicamente cuando el común de la población no trabaja.

 

Por ello hay partidos en plena Navidad lo mismo que en el primer día del año. Por ello también, el sábado por la tarde se institucionalizó como momento medular del balompié británico a raíz de que los movimientos sindicales consiguieron laborar sólo media jornada en ese específico día (el domingo ya era para la iglesia y algo había que hacer en la recién liberada tarde del sábado para evitar aburrimiento que suele tornar en desmanes).

 

El asunto es que mientras la liga alemana toma hasta un mes de pausa invernal y la francesa descansa casi tres semanas, la inglesa sigue jugando ininterrumpidamente ante estadios retacados (alguna influencia tiene esto sobre el futbol americano y sus rituales choques de día de Acción de Gracias o tazones colegiales en primero de enero).

 

Bajo este contexto, el fin de 2012 y arranque de 2013 de Javier Hernández ha sido espectacular. Una semana atrás, en el denominado Boxing Day (llamado así porque ese día se metían en cajas –boxes- las sobras de la comida navideña para donarlas a los necesitados), el atacante mexicano hizo un gol de último minuto para que el Manchester United se impusiera al Newcastle 4-3. Ahora, en el día inicial del año, Chicharito clavó otro par de anotaciones para confirmar su gran momento.

 

Es evidente que en un equipo que tiene ofensivos del calibre de Wayne Rooney y Robin van Persie, Javier partía condenado a la suplencia (más si asimilamos que la temporada anterior, su segunda en el United, no fue brillante). A partir de eso, sus caminos posibles eran dos: el más cómodo, resignación y esperar transferencia a más fácil puerto; el más apegado a su personalidad, paciencia y trabajo, a fin de aprovechar las oportunidades que en tan larga temporada siempre surgirán.

 

Es un fenomenal inicio de 2013 para un futbolista que ha de soportar extremos: idealizado cuando entra en racha, criticadísimo cuando no encuentra portería. En donde muchos encuentran pretexto para desestimarle (el no ser precisamente técnico) yo hallo la mayor razón para valorarle: el tesón, la disciplina, el esfuerzo, han sido sus caminos a la gloria.

 

Con los tantos al Wigan, Hernández promedia ya un gol cada 78 minutos. Y es que habiendo nacido tan lejos del industrial norte de Inglaterra, el perseverante Javier parece entender a cabalidad el sentido original de su profesión: entretener e inspirar, representar dignamente al que está en las gradas o tras el televisor, hacer felices a los millones de aficionados que en sus gestas encuentran el festejo perfecto sea en contexto navideño o en pleno arranque de año.

 

Alberto Lati

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