Situaciones inversas en dos equipos gestionados con millones provenientes del Golfo Pérsico: el Málaga, abandonado, es la sensación de Europa; el Manchester City, consentido, va camino otra vez a ser el mayor fiasco de la Liga de Campeones.

 

Pareciera que entre peor tratan a la plantilla del cuadro andaluz, más crece el afán de reivindicación, futbol y goles de por medio. Cuando el Málaga fue comprado en el 2010 por el jeque Abdullah bin Nasser Al-Thani, hijo del Emir de Qatar, se planteaban circunstancias muy distintas a las actuales: las vacas flacas habían terminado para un club modesto y empobrecido de la liga española.

 

Pagó 36 millones de euros, se dijo dispuesto a asumir deudas que le precedieron y fichó a futbolistas importantes. Llegaron Martín Demichelis, Enzo Maresca y Julio Baptista, nombres hasta antes inaccesibles para una institución abocada a pelear por no descender. Sin embargo, un año después la apuesta del magnate árabe incrementó e hizo traer a Ruud van Nistelrooy, Jerémy Toulalan, Joaquín, Santi Cazorla, a la joven sensación Isco que hoy es codiciada por los gigantes del continente. El proyecto se puso en manos de Manuel Pellegrini, un sensacional director técnico que había liderado -sin ser valorado- al último Real Madrid previo al mediático José Mourinho. 60 millones de petroeuros habían sido invertidos y el plantel respondía con una histórica clasificación a la Champions League.

 

Se hablaba de un nuevo estadio a denominarse Qatar Stadium (símbolo de estos tiempos, dicho nombre para un recinto deportivo en la Costa del Sol española), se hablaba de rivalizar pronto con Madrid y Barcelona, se hablaba de que todo futbolista podía llegar a ser comprable por el Málaga, tal como en ese momento ejecutaba otro jeque -medio hermano del Emir de Abu Dhabi- en el Manchester City.

 

Y mientras todo eso se decía, el Málaga empezó a desfondarse: el estelar Santi Cazorla fue vendido al Arsenal, llegó un verano de pocos refuerzos, Pellegrini amagó con renunciar y pronto se conocieron las causas. La crisis económica había emergido en donde menos se esperaba. El jeque no había pagado al Villarreal 3 millones de euros por el traspaso de Cazorla y el Osasuna le exigía un millón por otro fichaje. Pocos días más y se supo que Al-Thani debía a los viejos propietarios del Málaga 3.5 millones. Al cabo del tiempo, se anunciaron adeudos de 9 millones a la plantilla y que Pellegrini no podía marcharse porque el jeque “no tenía” dinero para finiquitar su contrato con los correspondientes 4 millones.

 

Con ese clima inició la que está siendo la mejor campaña en la historia del Málaga. Pellegrini tan preocupado por estrategia futbolera, como por estrategia de cobro en defensa de sus dirigidos. Mezcla de mediador, pacificador y mesurado líder gremial.

 

Desde entonces los jugadores amenazan con tomar medidas, pero siempre desempeñándose al máximo, siempre olvidando –o como si olvidaran- que sus pagos están congelados, siempre mostrando un gran respeto tanto hacia su profesión como hacia quienes acuden al estadio a verlos.

 

Tras larga ausencia, Al-Thani reapareció por fin en Málaga justo cuando este cuadro enfrentaría al Milán italiano en la Champions, sin duda la mayor cita futbolera en la historia de este club. Promesas, abrazos, nuevos discursos aludiendo a la prosperidad venidera, el equipo dando otra lección al derrotar al Milán… y los pagos pendientes que no arribaron en el plazo vencido el 31 de octubre.

 

Quince días más y ahora el Málaga fue a jugar a Milán, en otra exhibición. Clasificación asegurada y anticipada a octavos de final, a la que ha correspondido el anuncio de que en un mes más se saldarán las deudas con el plantel.

 

Un par de años antes de que Al-Thani comprara al Málaga, otro miembro de la realeza del Golfo Pérsico abrió camino para los jeques en el futbol. Mansour bin Zayed Al-Nahyan puso su fortuna al servicio del Manchester City y no escatimó ceros en los cheques. 481 millones de libras (equivalentes a unos 730 millones de dólares) se cambiaron durante cuatro años por 30 futbolistas: Sergio Kun Agüero, Mario Balotelli, Carlos Tévez, David Silva, Edin Dzeko, Samir Nasri, Yaya Touré.

 

Constantemente el jeque Mansour ha comprobado que todo está en venta, que sólo es necesario poner a cambio los suficientes millones. ¿Y qué pasa si el club no quiere vender a quien el City pretende? Pues entonces se efectúan ofertas para doblar o triplicar el salario al jugador, quien así se declara inconforme hasta que su propietario autoriza la transferencia.

 

Bajo su chequera, el City ganó en el 2011 su primera Copa inglesa en 41 años, en el 2012 su primera liga en 43 temporadas, y se ha convertido en serio aspirante a glorias europeas, sólo que en ese último renglón las cosas no han sido tan sencillas.

 

Durante la pasada campaña, el City fue incapaz de superar la primera ronda de la Liga de Campeones; en la actual, todo hace indicar que un nuevo fracaso resulta inevitable. Con dos escasos puntos en cuatro partidos, el mismo director técnico, Roberto Mancini, ha admitido que la eliminación es inminente ante la frustración del derrochador jeque.

 

Cuando el City se coronó en la premier League unos meses atrás, podía leerse un inmenso letrero en el estadio: “Manchester le agradece, Jeque Mansour”. Hoy, críticas al arbitraje al margen, todos saben en Manchester que este club está en deuda con su benefactor (contrario al supuesto benefactor del Málaga, quien está en innegable deuda con su club).

 

El Málaga del jeque malo, brilla sin saber cuándo cobrará. El City del jeque bueno, decepciona pese a cobrar mucho y puntual. Paradojas de un futbol que ante la euro-crisis volteará cada vez más seguido hacia otros horizontes monetarios y dependerá, por ejemplo, del Golfo Pérsico y su realeza.

 

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