Más allá de portar prendas rosas o moradas, de insistir sobre conceptos como tolerancia y respeto, de hacer a un lado prejuicios de todo tipo, el Spirit Day del pasado viernes ha sido también una invitación para repasar historias sobre deportistas que han sufrido mucho por admitir su homosexualidad.

 

En un contexto que pretende presentarse como el colmo de las masculinidades, de lo viril, de lo macho, de lo homofóbico en numerosos insultos que llegan de la tribuna o se profieren en la cancha, ningún caso como el del futbolista Justin Fashanu, único dentro de las grandes ligas europeas en aceptar públicamente el ser gay.

 

Fashanu había sido el primer futbolista británico de raza negra en costar más de 1 millón de libras. Pasó por selecciones inferiores y se esperaba que en cualquier momento le convocara el equipo mayor inglés. Poco a poco creció el rumor sobre su homosexualidad, el acoso de los medios, las burlas y suspicacias en su vestuario, las críticas del entrenador, hasta que reconoció en un tabloide su orientación sexual.

 

Aquí empezó un trágico calvario que implicó constantemente cambiar de equipo y años después derivó en el suicidio cuando fue acusado de violación, difamación que después se sabría, carecía de fundamento.

 

Su sobrina, Amal, trabajaba en el modelaje hasta que decidió alternar las pasarelas con trabajo de documentalista. Así tomó forma una gran investigación que sacudió al Reino Unido: por un lado, exploró quién fue Justin Fashanu y las circunstancias que lo llevaron a la muerte; por otro, el concepto (incómodo para jugadores y aficionados) de hablar sobre homosexualidad en el futbol.

 

Justo cuando el documental se había emitido, tuve oportunidad de entrevistar a la bella Amal. Hija de otro ex futbolista, John Fashanu, y una modelo española, Amal explicaba con el más ibérico acento: “Ahora me da pena lo de mi tío, porque ni le recuerdan como un gran futbolista, le recuerdan como el gay que se suicidó. La gente se olvida, porque le ponen el tema de gay y se olvidan de lo que fue y el talento que tuvo”.

 

La modelo descubrió situaciones que hubiera preferido no saber, como la reacción de su padre ante la publicada homosexualidad de Justin: “mi tío tuvo el coraje de salir, de decir cómo era, cómo se sentía, ser honesto a sí mismo y le trataron muy mal, incluso me da pena decirlo, mi padre no le trató nada bien. Después de que Justin salió y dijo que era gay, mi padre salió en entrevistas y dijo cosas que no era apropiado de un hermano decir. Mi padre siendo macho y jugando donde jugaba entonces no quería asociarse con eso”.

 

Amal encabeza ahora la Justin Campaign, la cual está vinculada con espléndidas campañas del futbol inglés contra todo tipo de discriminación, como Kick It Out o Patéalo fuera, reconocida tanto por la liga inglesa como por las autoridades británicas. Tal fue el impacto del documental, que el primer ministro David Cameron recibió a Amal en la residencia oficial, en una serie de charlas para debatir las problemáticas de discriminación y racismo en la Liga Premier.

 

Su misión es clara pero en ocasiones utópica: crear un marco de respeto en los estadios de futbol y dentro de los equipos en general. Honrar con ese activismo la memoria de Justin.

 

Mensaje, el de Amal, muy difícil en el contexto que se presenta más machista… Mensaje que tenemos posibilidad de reiterar con motivo del Spirit Day.

 

Twitter/albertolati

Alberto Lati

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