Polifacético y polémico. Un artista con más temor al tedio que al fracaso, Está lo de Blur, está lo de Gorillaz; están proyectos como The Good, the Bad and the Queen, como Rocket Juice and the Moon, colaboraciones con numerosos artistas, coqueteos con demasiados estilos, integración de genios africanos. Damon Albarn contesta con monosílabos apenas audibles y cuando intenta ser más amplio, se atora buscando palabras. El encuentro tiene como fin abrir la ópera británica a las nuevas generaciones con su recién escenificada ópera Dr. Dee, él es uno de los pilares sobre los que se sostiene este programa junto con el director, Terry Gilliam.

 

En medio de un reguero de maletas y paquetes, laberinto londinense de trámites y procesos de mudanza, llega una llamada que esperé varios meses antes de comenzar los Olímpicos: “Damon Albarn podría estar disponible para una entrevista, aunque sería algo breve… ¿Sigues interesado?”.

 

La respuesta, como no puede ser de otra forma, es “sí” inmediato, aunque consciente de que ya no hay Londres olímpico respecto al cual reportar, de que el afán de reunir palabras de los mayores íconos de la música británica ha quedado atrás, de que momento y contexto han cambiado demasiado.

 

Damon Albarn es una de las versiones más totales que la música ha encontrado en décadas. Más allá del ícono pop, más allá de la celebridad, más allá del intelectual, más allá del activista, está un personaje de incombustible fuerza creativa, un tipo que vive desafiándose y persiguiendo nuevas formas de expresión musical.

 

Llega al London Coliseum, sede de la English National Opera, cerca de la Plaza de Trafalgar. A sus 44 años, viste pantalones de mezclilla sostenidos a mitad de trasero y arremangados hasta media espinilla para dejar ver sus calcetines rosas. Ingresa al escenario como autómata, como niño engentado –o malcriado- que necesita dejar pasar unos minutos para relajarse e interactuar. El inicio de la conferencia de prensa es poco esperanzador. Contesta con monosílabos apenas audibles y cuando intenta ser más amplio, se atora buscando palabras. El encuentro tiene como fin abrir la ópera británica a las nuevas generaciones, quitarle suntuosidad y hacerla accesible para todo tipo de auditorio, tanto en precio como en vestimenta (y las prendas elegidas este día por Albarn no parecen casuales para el concepto Undress for the Opera, algo así como “quítale elegancia a la ópera” o “en fachas a la ópera”).

 

Albarn, recién escenificada su ópera Dr. Dee, es uno de los pilares sobre los que se sostiene este programa junto con el director, Terry Gilliam.

 

Saltó a la fama como líder y vocalista de Blur, cuyos hits fueron himnos de los noventa y primeros dosmiles. Siguió con la primera banda virtual, Gorillaz, de distinto sonido pero igual éxito. Entre muchos proyectos más, experimentó con instrumentos ajenos a occidente, rodeado de artistas de variadas culturas, y ahora vive haciendo mucho de muchas cosas, como Dr. Dee o el concierto con Blur en Hyde Park por la clausura de Londres 2012.

 

Dr. Dee, basada en la vida del científico y alquimista John Dee, es otra cara del polifacético y polémico Albarn. Meses atrás, ante la euforia de su presentación relacionada con los Olímpicos, se refirió con pesar al costo de los mismos: “ya vendrá septiembre, quedarán regadas las banderas británicas, se poncharán los globos… No resultará tan agradable ser británico en septiembre, así que disfruten mientras brille el sol”.

 

Una vez que termina la conferencia de prensa en el London Coliseum y Albarn luce ya tan ambientado como sonriente (incluso brinca emocionado sobre las teclas de un enorme piano que tiene por escenografía, posa para las fotos, bromea respecto a la botella de vodka que han colocado al servicio de la prensa un miércoles a las 10 de la mañana), su representante nos dice que se disculpa, pero hay más prisa de la prevista en la agenda del músico. Insistimos y ella reitera la negativa, mientras Damon se despide afectuosamente del director de Dr. Dee, Rufus Norris.

 

Última opción. Abordarlo antes de la salida, micrófono y petición en mano.

 

Damon, para México… ¿Podremos robarte unos minutos?

 

Sí… México… No hay problema. (tranquiliza con el gesto a su representante).

 

De hecho, mucha gente también en México, en América Latina, se preguntará, ¿Dr. Dee llegará a presentarse fuera del Reino Unido?

 

Digamos que es con base en la demanda, si lo quieren ver iremos, cien por ciento, me encantaría ir a presentarla a la Ciudad de México…

 

¿Qué tan grande o qué tan pequeña es la diferencia entre crear un disco pop o disco de rock y una ópera?

 

Quizá la más grande diferencia no aplica a mi caso, porque yo suelo efectuar trabajo técnico con muchísima gente, la diferencia sería simplemente la cantidad de personalidades con las que debes colaborar y eso no me afecta… Es algo muy colaborativo y esa es la diferencia, que la ópera es una suma de sus partes. Ciertamente no soy alguien que haya tenido forma alguna de educación en ópera, lo he hecho instintivamente.

 

Minutos antes, en la conferencia de prensa, al explorar el concepto de la ópera, decía: “No sé cómo llamarle. Batallo con la palabra ‘ópera’ porque queda claro que me sumerjo en aguas profundas cuando menciono esa palabra, entonces intento evitarla”. Reanudamos entrevista.

 

¿Y por qué desafiarte a ti mismo? ¿Por qué crear proyectos tan variados?

 

Amo despertarme en la mañana y hacer música. No creo que debamos trazar diferenciaciones entre géneros de música, sea pop, sea ópera, sea algo tradicional o folk, sea algo futurista o electrónico. Es parte del mismo espíritu y debe ser aproximado de la misma forma. Simplemente hago lo que siempre he hecho. A veces te desalienta intentar cosas nuevas, pero es importante seguirte desafiando… Tal vez sea un concepto anticuado… Me mantengo ocupado.

 

Se sabe, de hecho, que Albarn tiene horarios fijos de composición cada día laboral, cual si de un comercio o puesto burocrático se tratara. Uno de sus puntos de desahogo, según ha dicho, es el club Chelsea, cuya victoria en la pasada Liga de Campeones festejó explosivamente. Sólo mencionar a su amado equipo responde con ojos abiertos:

 

“¡Chelsea! 4-0 ayer en la noche, le ganamos al Arsenal el pasado fin de semana… Sonaría muy bien hacer algo sobre el Chelsea”.

 

Te presentaste en los eventos de clausura de los Olímpicos, pero también fuiste muy crítico respecto a los juegos

 

Mira, los Olímpicos espiritualmente fueron muy buenos en general, fueron muy buenos Olímpicos. Lo que pasa es que no coincido con el concepto de patrocinios, no me gusta. El contexto de publicidad corporativa bajo el cual vivimos, eso me resulta aburrido, no es lo suficientemente creativo… Pero al margen de eso creo que han sido unos Olímpicos brillantes, realmente han sido brillantes.

 

¿Un mensaje a México? ¿Quizá nos visites pronto?

 

Sí, me encantaría volver a México… Podría ser que los visite el próximo año…

 

Cierra el ojo y hace una mueca a la cámara.

 

Tras el breve encuentro, mientras camina rápido hacia la salida del escenario, podemos imaginar a su paso una heterogénea estela de sonidos: está lo de Blur, Coffee and TV, Girls and Boys, la repetidísima Song 2 (en realidad y origen, una parodia de la música grunge); está lo de Gorillaz, Feel Good Inc., 19-2000, DARE; están proyectos como The Good, the Bad and the Queen, como Rocket Juice and the Moon, colaboraciones con numerosos artistas, coqueteos con demasiados estilos, integración de genios africanos… En definitiva: un artista con más temor al tedio que al fracaso, ecuación atípica.

 

Alberto Lati

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